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Wolfsburgo: el gigante de segunda que gasta como uno de primera

El descenso a la Bundesliga 2 debía ser un frenazo en seco para el VfL Wolfsburg: menos ingresos, presupuesto recortado, reajuste deportivo. Nada de eso se ve en el mercado. Mientras la mayoría de clubes de segunda cuentan céntimo a céntimo, el equipo de la Baja Sajonia se está construyendo una plantilla a una escala con la que ni Hamburger SV, Schalke 04 o 1. FC Köln pudieron soñar tras sus caídas.

Los números son contundentes: este verano, Wolfsburg ya ha invertido 22,7 millones de euros en fichajes. El resto de la liga, los otros 17 clubes juntos, apenas rozan los 19 millones en traspasos conocidos. Un club de segunda gastando más que todo el campeonato entero. La pregunta cae sola: ¿competencia normal o distorsión pura y dura? ¿Hasta qué punto el músculo financiero del VfL está inclinando el tablero de la 2. Bundesliga?

El caso Reese: el símbolo de Hertha que ahora viste de verde

Pocas operaciones retratan mejor la posición especial de Wolfsburg que la de Fabian Reese. Ocho millones de euros a Hertha BSC por su ex capitán y emblema reciente. Una cifra de primera división por una estrella de segunda.

Reese ha sido uno de los jugadores más determinantes de la 2. Bundesliga en los últimos años: 91 partidos oficiales con Hertha, 35 goles, 31 asistencias. Pirmin Schwegler, director deportivo del VfL, lo definió en su presentación como “uno de los jugadores más fuertes de la 2. Bundesliga”. Y no exageraba.

Para el propio futbolista, el paso no fue trivial. Tras firmar, reconoció que la decisión no había sido sencilla y subrayó el peso que tuvieron la insistencia del club, las condiciones profesionales y “los valores del club, de Volkswagen y de la gente que le rodea”. No era solo un cambio de camiseta; era un giro en su historia personal.

En Berlín, Reese se había convertido en algo más que un buen extremo. Era un rostro reconocible de la “nueva” Hertha, el jugador que debía tender puentes con una afición hastiada tras años de caos. En noviembre de 2025, el club escenificó su renovación anticipada hasta 2030 con una campaña especial. El mensaje de Benjamin Wieber, director deportivo, fue claro: había que atarlo a largo plazo, y Reese se identificaba “al cien por cien” con Hertha BSC.

El contrato largo, sus palabras de amor al club y a la ciudad, la idea de un proyecto común… Todo apuntaba a una relación que rompía con la lógica fría del negocio. Menos de un año después, esa historia está cerrada. Y la ha cerrado un rival directo de la 2. Bundesliga.

Wolfsburg puso ocho millones sobre la mesa y se llevó al jugador que Hertha había elevado a símbolo de su futuro. Para la grada berlinesa, no es una salida más. Deportivamente, pierden a uno de sus mejores futbolistas. Emocionalmente, se queda sin su figura de identificación. Wolfsburg, en cambio, gana las dos cosas a la vez.

El traspaso revela algo más profundo: cuando un recién descendido puede pagar ocho millones a otro club importante de segunda por una estrella del propio campeonato, la diferencia de condiciones económicas deja de ser teoría y se convierte en evidencia.

Una lista de fichajes que no parece de segunda

Reese no es un caso aislado. Es la punta de un iceberg verde.

  • Fraser Hornby llegó desde SV Darmstadt 98 por cuatro millones de euros. Otro rival directo debilitado.
  • Muhammed Damar aterrizó procedente de TSG Hoffenheim.
  • Hauke Wahl se sumó desde otro club recién descendido de la Bundesliga por 1,8 millones.

Robert Glatzel costó “solo” alrededor de 1,7 millones, pero su llegada ilustra otro tipo de ventaja. Wolfsburg no solo puede pagar traspasos inalcanzables para la mayoría de clubes de la 2. Bundesliga; también puede ofrecer salarios que muchos apenas pueden imaginar. Glatzel acumula más de 180 partidos en la categoría y ha demostrado repetidamente que puede firmar cifras de goles de dos dígitos. Un delantero de ascenso.

La lógica es clara: el VfL se comporta en segunda exactamente igual que en primera. Ni siquiera la crisis casi existencial de su patrocinador principal, Volkswagen, con hasta 100.000 empleos en riesgo, ha frenado por ahora el ritmo de gasto del club.

El ejemplo de Alessio Besio lo deja aún más desnudo: 700.000 euros a SC Freiburg por un delantero suizo de 22 años que no llegó a debutar con el primer equipo en tres años y que el curso pasado jugó cedido en el tercer nivel con Verl. Un tipo de apuesta que para muchos clubes de segunda sería un lujo difícil de justificar.

A ello se suman Timon Wellenreuther, portero fichado desde Feyenoord por alrededor de un millón de euros y ahora de baja varias semanas por lesión de rodilla, y Elvis Rexhbecaj, llegado libre desde FC Augsburg. Incluso sin traspaso, el coste global de un jugador con más de 150 partidos en la Bundesliga marcaría otra dimensión económica para buena parte de la categoría.

Wolfsburg no está coleccionando solo promesas. El campeón alemán de 2009 está apuntando a profesionales que ya han demostrado su nivel en la Bundesliga o en la parte alta de la 2. Bundesliga. Es una plantilla armada para subir, no para sobrevivir.

Comparaciones que duelen: lo que otros grandes de segunda sí tuvieron que recortar

La magnitud del gasto del VfL se entiende mejor con el retrovisor. En la temporada 2025/26, ya en segunda, Schalke 04 ingresó unos 8,75 millones de euros en ventas y solo invirtió 3,4 millones en fichajes. Superávit de 5,35 millones. Su incorporación más cara fue Christian Gomis, un delantero centro por 1,5 millones.

Fabian Reese, por sí solo, le ha costado a Wolfsburg más del doble que todo el mercado de fichajes de aquel Schalke.

Hamburger SV, antes de lograr el ascenso en 2024/25, también operó en otra escala pese a sus aspiraciones. Gastó unos nueve millones en fichajes, ingresó alrededor de tres. Su llegada más cara, Alexander Rossing-Lelesiit, rondó los 2,8 millones. Cifras importantes, pero aún muy lejos de la ofensiva actual del VfL.

Hannover 96 ofrece otro contraste llamativo: 11 millones de ingresos en 2025/26, 4,33 millones invertidos, un superávit cercano a los 6,68 millones. Modelos de contención, de equilibrio. Nada que ver con lo que está ocurriendo ahora en Wolfsburg.

No es un derroche ciego: el dinero también entra

La historia, sin embargo, no es tan simple como un club recién descendido abriendo el grifo sin límite. Wolfsburg también está vendiendo y no precisamente barato.

  • Patrick Wimmer se fue a TSG Hoffenheim por unos diez millones de euros.
  • Jakub Kamiński dejó el club rumbo a 1. FC Köln por 5,5 millones.
  • Lovro Majer partió hacia AEK Athens por una cifra cercana a los seis millones.

En total, alrededor de 24 millones de ingresos en traspasos.

El balance frío dice que, pese a la cascada de fichajes, el VfL incluso presenta un ligero superávit. El club está financiando casi por completo sus incorporaciones con sus propias ventas. La verdadera singularidad no está tanto en el saldo final, sino en la capacidad de reinvertir de inmediato esas cantidades en una plantilla diseñada para subir a la primera a la primera.

Hay precedentes. Cuando VfB Stuttgart buscó el ascenso inmediato tras descender en 2019/20, también tiró de cartera. Invirtió unos 25,4 millones de euros, con Silas por ocho millones desde Paris FC y Sasa Kalajdzic por unos seis desde Admira Wacker. Cifras incluso mayores que las actuales de Wolfsburg.

La gran diferencia: Stuttgart vendió por unos 79,5 millones. Cerró el verano con un superávit superior a los 54 millones. Otro contexto, otra escala.

Un viejo hábito: mover millones no es nuevo en Wolfsburg

Hay un elemento que no conviene olvidar: Wolfsburg no ha empezado a jugar con cifras de ocho dígitos este verano. La temporada pasada ya ingresó cerca de 37 millones en ventas… y gastó unos 68 millones en fichajes. Déficit de casi 31 millones.

Vinicius Souza costó alrededor de 15 millones procedente de Sheffield United. Mohamed Amoura, adquirido en propiedad desde Union Saint-Gilloise tras su cesión, supuso otros 14,75 millones. Un tipo de operación que, en la élite alemana, solo pueden asumir unos pocos.

Mover millones forma parte del ADN reciente del club. Lo que ha cambiado es el escenario. En la Bundesliga, Wolfsburg competía en un entorno donde Bayern München, Borussia Dortmund, Bayer Leverkusen o RB Leipzig manejan también fichajes de dos dígitos sin pestañear. En la 2. Bundesliga, el mismo modelo se estrella contra clubes cuyo presupuesto entero de fichajes es, en algunos casos, inferior a lo que el VfL ha pagado solo por Fabian Reese.

Las mismas cifras, otro contexto. Y por eso pesan tanto más.

¿Un Bayern de segunda… o algo todavía más desproporcionado?

Los nombres hablan: Reese, Hornby, Glatzel, Wahl, Rexhbecaj, Wellenreuther. La estrategia es transparente. Wolfsburg quiere que su paso por la 2. Bundesliga dure un solo año. No hay plan B.

Y aún hay un matiz: jugadores como Amoura han aceptado acompañar al club en el descenso, manteniendo un nivel de plantilla que no se corresponde con la categoría. Según los datos de transfermarkt.de, el valor de mercado del plantel del VfL ronda los 194,15 millones de euros. Esa cifra le colocaría noveno… en la Bundesliga.

En la 2. Bundesliga, el siguiente en la lista es otro recién descendido, FC St. Pauli, con 45,93 millones. Aproximadamente cuatro veces y media menos. Llamar a Wolfsburg el “Bayern München de la segunda” se queda corto: la diferencia es aún más brutal que la que existe arriba entre Bayern y el resto. El conjunto muniqués, con una plantilla valorada en 1.070 millones, no llega ni a doblar a RB Leipzig (604 millones). Y Borussia Dortmund sigue fichando.

Solo cuando ruede el balón se verá si esta fuerza financiera descomunal se traduce en una distorsión real de la competición o “solo” en una superioridad lógica. Lo que el mercado ya ha dejado claro es otra cosa: en la 2. Bundesliga, VfL Wolfsburg juega con un presupuesto de otra galaxia. La cuestión es si el resto de la liga está dispuesto a aceptarlo… o a rebelarse contra ello en el césped.