Absolución de John Ryan tras la caída en Portman Road
La tarde que Maidstone United firmó una de las mayores gestas de su historia en la FA Cup quedó marcada por algo más que un 2-1 inolvidable ante Ipswich Town. En la grada del estadio Portman Road, la celebración de un gol “especial”, como lo definió su protagonista, terminó en caída, gritos, lesiones y, dos años después, en un juicio.
John Ryan, aficionado de Maidstone United de 62 años, ha sido declarado no culpable de dos cargos de agresión por un jurado en Ipswich Crown Court. Había sido acusado de assault by beating y de causar daños corporales reales después de caer desde la parte alta de la Cobbold Stand y aterrizar sobre los seguidores locales Joanne Peters y su pareja, Aaron Rose.
El veredicto llegó con carga emocional. Ryan, vecino de Railway Street, en Chatham (Kent), rompió a llorar en el banquillo al escuchar el “no culpable” en ambos cargos. A la salida del tribunal solo acertó a describir el proceso con dos palabras: “muy estresante”.
Una celebración que terminó en caída
El incidente se produjo en enero de 2024, durante un duelo de FA Cup que enfrentaba a un Maidstone United de fuera de la Football League con un Ipswich Town en plena marcha hacia el ascenso desde el Championship. El contraste deportivo era enorme. Para los miles de aficionados visitantes, aquello era “el partido más grande en la historia del club”, según declaró el propio Ryan ante el jurado.
La escena, tal y como se relató en el juicio, fue tan rápida como impactante. Ryan se encontraba en la parte superior de la Cobbold Stand, en la zona sobre los palcos. En plena explosión de júbilo por el gol de Maidstone, perdió el control. Cayó, se deslizó por el tejado inclinado que cubre las zonas de hospitality y acabó estrellándose sobre los aficionados de Ipswich situados debajo.
“Cuando marcas un gol así, lo último en lo que piensas es en lo que va a pasar”, explicó después ante los medios. “Solo recuerdo bajar las escaleras, chocar con la barrera, caer por encima y ya está”.
Durante el juicio, Ryan dijo no saber con certeza si alguien le había empujado o si simplemente se le resbaló el pie en el momento de la celebración. La Fiscalía, representada por el abogado Simon Gladwell, subrayó que el acusado había consumido cinco latas de cerveza antes del encuentro.
Lesiones, miedo y la sensación de que “podía haber muerto”
Para quienes estaban debajo, no fue una simple caída. Peters relató entre lágrimas ante el tribunal que, en un primer momento, pensó que se había derrumbado el palco que tenía detrás. Durante unos segundos creyó que “podía haber muerto”.
Las consecuencias físicas no fueron menores. Peters habló de “elementos de latigazo cervical”, hormigueo y entumecimiento en las manos, además de hematomas internos. Rose, por su parte, declaró que recibió una patada en la cabeza durante el impacto.
Rose aseguró ante el jurado que estaba convencido de que Ryan iba borracho. “No haría falta un científico para darse cuenta”, afirmó. Esa percepción alimentó inicialmente la idea de que no se trataba solo de un accidente fortuito, sino de una conducta imprudente que debía tener respuesta penal.
El jurado, sin embargo, no lo vio así. Tras escuchar los testimonios y la versión del propio Ryan, decidió absolverle de ambos cargos.
Del susto a los cambios en la grada
La caída no solo dejó heridos y un proceso judicial. También provocó cambios en la seguridad del estadio. Poco después del incidente, Ipswich Town instaló pantallas de cristal en la parte baja del anillo superior de la Cobbold Stand para reforzar la protección y minimizar el riesgo de que algo parecido vuelva a ocurrir.
Dos años después de aquel partido, Ryan regresó a Ipswich, esta vez no para ver fútbol, sino para sentarse en el banquillo de los acusados en un edificio situado prácticamente frente al Sir Alf Ramsey Stand. Un contraste brutal con el recuerdo de aquella tarde de FA Cup.
A la salida del tribunal, ya absuelto, se le preguntó si quería enviar un mensaje a Peters y Rose. No dudó: “Lo siento, fue un accidente. Siento que haya pasado, ¿qué más puedo decir?”.
El marcador de aquel día ya es historia para Maidstone United. La caída de Ryan, también. Lo que queda ahora, en Portman Road y en tantos estadios, es una pregunta incómoda para el fútbol moderno: ¿cuánto riesgo estamos dispuestos a asumir en nombre de la pasión desatada por un gol?





