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El audaz plan del Arsenal: Gyökeres y Julián Álvarez

En un mercado en el que Arsenal se ha empeñado en no pagar locuras, aparece, de repente, una idea que lo desafía todo: ofrecer a Viktor Gyökeres, máximo goleador del equipo la temporada pasada, como parte de pago para intentar sacar a Julián Álvarez del Atlético de Madrid.

No es un capricho pasajero. El interés del club londinense por el argentino viene de lejos. Pero el contexto es claro: campeones recientes de la Premier League, con un discurso firme contra los fichajes a cualquier precio, frente a un Atlético que ha repetido en público que su delantero franquicia “no está en venta” y que, según los informes, solo se sentaría a negociar a partir de una cifra de nueve dígitos. Ahí entra en escena la fórmula desesperada: jugador más dinero.

Un tipo de operación que casi nunca se concreta. Un traspaso estándar ya exige el sí del club comprador, del vendedor y del futbolista. Si se añade otro jugador, su voluntad y la de su entorno, el castillo de naipes tiembla. Pero, en este caso, hay capas que encajan mejor de lo que parece a simple vista.

Arsenal, fascinado por un “enjambre” llamado Álvarez

Si alguien saldría reforzado, al menos sobre el papel, sería Arsenal. Julián Álvarez es ese delantero que convierte cada metro de campo en un avispero: presiona, muerde, se ofrece, ataca espacios y arrastra al equipo hacia arriba con y sin balón. En los dos últimos Mundiales, ningún jugador ha registrado más presiones de alta intensidad en campo rival. Ese dato encaja como un guante con la idea de Mikel Arteta.

El técnico ha construido un equipo con una base sólida, fiable defensivamente, pero que a veces se encalla con la pelota cuando se trata de inventar en zonas altas. Y que, al mismo tiempo, quiere comprimir el campo, vivir cerca del área rival, ahogar la salida contraria. Álvarez, en ese ecosistema, tendría sentido inmediato.

Para Arsenal, el argentino no solo sería un refuerzo de lujo. También una salida elegante a un problema incómodo: Gyökeres.

El sueco firmó números que, fríos, impresionan. Fue el primer debutante desde Alexis Sánchez en alcanzar los 20 goles en todas las competiciones. Y, sin embargo, dejó una sensación amarga. En casi todos los partidos de alto nivel, frente a rivales de la talla de Arsenal, su impacto se diluyó. Arteta, una y otra vez, miraba al banquillo y lamentaba la fragilidad física de Kai Havertz, incapaz de sostener un rol continuado.

Sobre la pizarra, Gyökeres ofrece algo que Álvarez no garantiza: una plataforma más robusta, un punto de apoyo para que el equipo se organice a su alrededor. En la realidad, el “9” fue incapaz de fijar balones de espaldas con regularidad. Cada pérdida exponía la dificultad del equipo para superar la presión rival jugando desde atrás. En la Premier, esa carencia se paga al instante.

En otro contexto, sin embargo, sus defectos no serían tan visibles.

El Atlético y el delantero “a su imagen”

No es casualidad que muchos vean a Gyökeres como un delantero muy “Atlético”. El vínculo va más allá de los tópicos. Andrea Berta, actual director deportivo de Arsenal, fue quien impulsó su fichaje por el club inglés el verano pasado, en su primera ventana en el Emirates tras abandonar el mismo cargo en el Atlético.

Conoce el perfil, sabe lo que puede ofrecer y entiende en qué tipo de liga puede explotar. En LaLiga, con más desequilibrios entre grandes y pequeños, Gyökeres tendría muchas más oportunidades de castigar a defensas inferiores a las que se encontró en Inglaterra. Es un delantero que disfruta cuando puede imponerse físicamente, cuando hay metros para atacar y rivales a los que desbordar por pura potencia.

Para el Atlético, además, hay un matiz deportivo relevante: su necesidad de una amenaza más constante en el día a día liguero. Julián Álvarez ha firmado una Champions League brillante, hasta el punto de que solo Kylian Mbappé y Harry Kane marcaron más que él en la competición. Sin embargo, su rendimiento doméstico se quedó corto. Ocho goles en LaLiga, con dos penaltis y dos faltas directas. Solo cuatro tantos en jugada, tres de ellos concentrados en un mismo partido ante Rayo Vallecano y el otro, un gol agónico ante un Real Oviedo que terminaría descendiendo.

En otras palabras: un delantero de noches grandes, pero irregular en el maratón liguero. Justo lo contrario de lo que el Atlético lleva años buscando para equilibrar su ataque.

El reverso de la operación: el deseo de Álvarez y el riesgo Arsenal

Y, sin embargo, la historia tiene un ángulo oscuro para todos. Empezando por el propio Arsenal.

El club londinense podría terminar arrepintiéndose si el intercambio se concreta. La cifra goleadora de Álvarez en liga invita a la prudencia. Se trata de un jugador que aporta presión, dinamismo, conexiones, pero cuya producción en el campeonato doméstico no ha sido la de un “killer” incuestionable. Cambiar a su máximo goleador, aunque irregular en grandes citas, por un delantero que no ha demostrado una fiabilidad sostenida en liga es, como mínimo, una apuesta de alto riesgo.

Hay otro problema, más profundo: el deseo del futbolista. Julián Álvarez ha dejado claro que quiere salir del Atlético. En su petición de cambio de aires durante la fase de grupos del Mundial no mencionó directamente a Barcelona, pero los informes posteriores han consolidado una idea: su sueño pasa por vestir de blaugrana. El problema es que el Atlético se niega a reforzar a un rival directo en España.

Ese bloqueo abre la puerta a alternativas como Arsenal. No porque el argentino lo vea como su primera opción, sino porque la realidad del mercado y la postura del club madrileño pueden empujarle hacia un destino que no encabeza su lista de deseos.

El resultado es un escenario extraño: un club que ansía al jugador, un jugador que sueña con otro club y un tercero, el Atlético, que no quiere perder poder dentro de su propia liga. En medio, Gyökeres, convertido en moneda de cambio de lujo para desbloquear una operación que nadie puede asegurar que deje a alguien realmente satisfecho.

Se habla de posibles ganadores, pero lo único seguro, a día de hoy, es que esta historia amenaza con dejar un buen número de perdedores cuando se cierre la ventana de fichajes.