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Aston Villa regresa a la Champions League tras una temporada histórica

Aston Villa ya tiene su billete de vuelta a la Champions League. No por la puerta de atrás, ni por carambola. Lo certificó a lo grande: un 4-2 demoledor ante el campeón del curso pasado, Liverpool, en un viernes que quedará marcado en la memoria reciente del club.

La imagen fue potente: Unai Emery, serio pero con esa media sonrisa contenida, sabiendo que el trabajo de fondo, el que no sale en los resúmenes de televisión, había dado su fruto. Villa regresa a la máxima competición europea y lo hace contra casi toda lógica.

De la herida de Old Trafford al salto definitivo

Hace un año, el relato era muy distinto. Villa se quedó fuera de los cinco primeros por diferencia de goles en la última jornada. En Old Trafford, un error del árbitro Thomas Bramall privó a Morgan Rogers de un gol que habría cambiado el partido frente al Manchester United. Aquel día acabaron perdiendo 2-0 y con Emiliano Martínez expulsado.

Fue una herida abierta. Un recuerdo que pesaba.

La respuesta llegó esta temporada: el equipo no solo se mantuvo en puestos de Champions desde noviembre, sino que terminó adelantando a Liverpool para acabar cuarto, fuera del alcance de un Bournemouth que apretó desde atrás. La herida se cerró donde más duele en el fútbol moderno: en la clasificación y en el balance económico.

Ahora la mirada se posa en Estambul, en esa final de Europa League frente a Freiburg que devuelve al club a un escenario que no pisaba desde la Copa de Europa ganada en 1982. Pero la historia de este Villa no se entiende solo por los resultados. También por lo que hay detrás de ellos.

El equipo que desafía a las estadísticas

Los datos cuentan una historia curiosa. Según la tabla esperada de Opta, Aston Villa debería estar en el puesto 12. La realidad dice otra cosa: ocho posiciones por encima y 15 puntos más de los que “debería” tener. Ningún otro equipo de la Premier League sobrepasa tanto sus previsiones.

Solo Sunderland y Everton, bastante más abajo en la tabla, se salen también del guion estadístico por más de dos puestos. Pero nadie a la altura de Villa.

Los números ofensivos no impresionan a primera vista. 54 goles, séptimo mejor registro de la liga, por detrás incluso de un Chelsea que va décimo con 55. En tiros totales, 471, apenas noveno mejor dato, por debajo de todos los integrantes del top 6 y de ese mismo Chelsea. En tiros a puerta, octavos, superados por el resto de los seis primeros, además de Brighton y Newcastle United.

Y, sin embargo, cuando Villa dispara, duele. Su porcentaje de conversión es del 11%, solo por debajo de Brentford (14%), Manchester City (13%) y Arsenal (13%). En un campeonato donde cada ocasión pesa, el equipo de Emery convierte menos que sus rivales en volumen, pero maximiza mejor sus momentos.

En términos de xG, solo Tottenham (+8,33) ha sobrepasado más sus goles esperados que Villa. El xG de los de Birmingham es de 46,42; han marcado 7,58 tantos más de los que se proyectaban. Lo llamativo es que ese xG es, con diferencia, el más bajo entre los seis primeros: todos los demás superan los 58 goles esperados.

Hay otro rasgo que define a este equipo: el golpeo lejano. Quince de sus goles han llegado desde fuera del área, el 28% del total. Nadie se acerca a ese porcentaje salvo Bournemouth (21%) y Fulham (21%). Es un dato que explica algo más que una estadística: habla de confianza, de atrevimiento, de un equipo que no siempre necesita entrar en el área para hacer daño.

Paradójicamente, Villa ha generado 84 “grandes ocasiones” y solo ha convertido 24. Un 29% de acierto. Es el peor registro de toda la Premier League en este apartado. Nottingham Forest, en el otro extremo, transforma el 46% de sus grandes oportunidades.

El cuadro de Emery, por tanto, vive en una tensión constante entre la eficacia global y el desperdicio de opciones clarísimas. Y aun así, está en Champions.

Jueves, domingos y cero excusas

La temporada no se ha jugado solo a ritmo de Premier. Villa ha tenido que sostener su pulso liguero mientras avanzaba en Europa hasta plantarse en su primera gran final continental desde 1982.

Emery lo dejó claro: no quería coartadas. Ni el calendario ni los viajes servían como excusa. Tres años de trabajo, objetivos cumplidos “más o menos” en cada curso, y un plan que se ha ido afinando con calma. El técnico insiste en construir “su propio camino”, con los recursos disponibles, para competir contra los mejores de Inglaterra y de Europa. Y, sobre todo, asegura tener “un buen equilibrio” en la cabeza sobre cómo está funcionando todo.

Ese equilibrio se ha alcanzado en un contexto incómodo: el de las limitaciones financieras.

Éxito deportivo con el bolsillo ajustado

Desde que Emery llegó en 2022, solo Wolves, Brentford, Brighton y Everton han gastado menos que Aston Villa en términos de balance neto: 73,5 millones de libras. Para un equipo que se asienta en la zona Champions, la cifra es reveladora.

El club ha tenido que caminar sobre el alambre para cumplir con las normas de beneficio y sostenibilidad (PSR). Y eso da aún más valor a lo conseguido.

La escena en mayo de 2024 lo resume bien: mientras el equipo celebraba la clasificación para la Champions, Emery y el responsable de operaciones de fútbol, Damian Vidagany, se sentaban en la cena de final de temporada con una preocupación distinta. Cómo evitar una infracción de las PSR.

La solución llegó a contrarreloj: la venta de Douglas Luiz a Juventus por 43 millones de libras. Antes ya había salido Jacob Ramsey rumbo a Newcastle por 40 millones el verano anterior. Y en el club asumen que otra estrella podría marcharse este año.

Morgan Rogers, fichado desde Middlesbrough por 16 millones hace dos años, se ha disparado en rendimiento. Si firma un gran Mundial con Inglaterra, Villa podría pedir cerca de 100 millones por él. La clasificación para la Champions refuerza la posición negociadora del club, pero la realidad es tozuda: vender una pieza importante cada verano sigue siendo la vía más directa para cuadrar las cuentas.

La Champions como salvavidas económico

Los números del balance explican por qué el retorno a la Champions League es algo más que un logro deportivo. En 2024-25, la temporada en la que el club compitió en la máxima competición europea, Aston Villa presentó un beneficio de 17 millones de libras. Un giro radical respecto a la pérdida de casi 90 millones del año anterior.

Venían de un agujero aún mayor: 120 millones de libras de pérdidas en 2022-23. La necesidad de aumentar ingresos se convirtió en prioridad absoluta. El club ha elevado su facturación hasta los 378 millones. El precio ha sido, en parte, una brecha con parte de la afición por el incremento de los abonos y entradas. Pero el impacto económico es incuestionable.

La reconstrucción de la grada North Stand ya está en marcha y se espera que termine a finales del próximo año. Villa Park pasará a superar ligeramente los 50.000 asientos. El nuevo recinto de ocio Warehouse, ya terminado en el estadio, completa el paquete. Todo ello apunta a un objetivo claro: aumentar al máximo los ingresos de día de partido y reducir la distancia con los gigantes europeos a los que ahora se medirá de tú a tú.

Un club que acelera con normas diferentes

Ese intento de ponerse al nivel de sus rivales no ha sido sencillo. Villa ha sentido en carne propia lo que significa “llegar tarde a la fiesta” financiera. Un ejemplo: la operación por Conor Gallagher. Tras meses de trabajo, fue Tottenham quien acabó poniendo el dinero necesario para fichar al centrocampista procedente de Atlético de Madrid. Villa, condicionado por las reglas, se quedó mirando.

En el club hay malestar con el marco regulatorio. La Premier League y la UEFA funcionan con normas distintas. A partir de la próxima temporada, los clubes ingleses pasarán a un sistema de “squad-cost ratio” (SCR), que les permitirá destinar hasta el 85% de sus ingresos a costes de plantilla. La UEFA, en cambio, fija ese tope en el 70%.

Vidagany ha defendido en público la necesidad de una regulación financiera en el fútbol, pero también ha dejado claro que el encaje entre las reglas domésticas y las europeas no funciona bien. Villa ha competido, en la práctica, con el freno de mano puesto.

Ahora, la clasificación para la Champions por segunda vez en tres años debería permitir soltarlo, aunque sea un poco. La pregunta es obvia: ¿hasta dónde puede llegar este Aston Villa cuando, por fin, pueda correr sin mirar constantemente al marcador… de las cuentas?