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Autogol de Burke elimina al Shamrock Rovers de la UEFA Conference League

Un solo toque, en la portería equivocada, tiró por tierra toda una campaña europea. En Kuopio, un autogol de Graham Burke decidió la eliminatoria y dejó al Shamrock Rovers fuera de la UEFA Conference League, derrotado 1-0 por KuPS y 2-1 en el global.

Para los campeones de la League of Ireland, es otro verano europeo que termina con sabor amargo, tras las caídas ante Egnatia y Ararat-Armenia. No habrá fase de liga para el líder de la Premier Division, que perseguía por tercera temporada seguida el billete al cuadro principal del torneo.

Ajustes de Bradley y un inicio inquieto

Con el 1-1 de la ida en Tallaght Stadium como punto de partida, Stephen Bradley movió piezas. John O'Sullivan entró por Jack Byrne en el centro del campo y Aaron Greene sustituyó a Burke en la delantera. Una apuesta por piernas frescas y algo más de energía en la presión alta.

El plan apenas tuvo tiempo de asentarse. KuPS salió directo, agresivo. Tommi Jyry rompió por la banda izquierda en los primeros compases y su pase atrás lo desvió Lee Grace a córner. El saque de esquina no generó peligro, pero fue el aviso. Poco después, Petteri Pennanen probó desde lejos. El disparo se desvió y acabó también en córner, que la zaga del Rovers resolvió sin sobresaltos.

A partir de ahí, el conjunto irlandés empezó a asentarse. Se sacudió la presión, adelantó líneas y encontró por fin una primera ocasión clara: centro de O'Sullivan desde la izquierda, control y giro de Jonathan Afolabi para sacar un disparo que fue bloqueado. El rechace le cayó a Grace, que conectó una volea potente pero centrada, fácil para Johannes Kreidl en el minuto 15.

KuPS respondió con más colmillo. Ed McGinty tuvo que lucirse con dos paradas de reflejos para negar el gol a Piotr Parzyszek y a Pennanen. Dos intervenciones que mantuvieron con vida a los de Bradley mientras el reloj se acercaba al descanso.

Rovers manda, pero no golpea

El intermedio ofreció una pausa y, al volver, el guion cambió. Rovers tomó el control territorial y obligó a KuPS a replegarse muy cerca de su área. El dominio se tradujo en llegadas.

Greene fue el primero en probar, con un disparo que hizo trabajar a Kreidl. Dylan Watts y Matt Healy también se animaron desde media distancia, pero sin ajustar lo suficiente como para encontrar portería. La sensación, sin embargo, era clara: el equipo irlandés mandaba y el gol parecía cuestión de tiempo.

Para mantener el impulso, Bradley miró al banquillo. En el minuto 63 dio entrada a Burke y Byrne por O'Sullivan y Afolabi. Más talento entre líneas, más capacidad para asociarse y filtrar el último pase.

El conjunto finlandés, acorralado, optó por resistir y esperar su momento. Y lo encontró en una acción a balón parado.

El golpe cruel: el autogol que decide la eliminatoria

Minuto 73. Falta de Roberto Lopes sobre Gustav Engvall y balón parado peligroso para KuPS. El envío viajó al segundo palo, donde el recién incorporado Akseli Pukko ganó el duelo y la colocó de nuevo hacia el corazón del área. Allí apareció Burke, de espaldas a su portería, tratando de despejar. El gesto le salió torcido: cabezazo incómodo y la pelota se coló en su propia red.

El tanto, a la postre definitivo, cayó como un jarro de agua helada sobre el Rovers. De estar empujando por el gol que les acercara a la fase de liga, pasaron a remar contracorriente con un cuarto de hora por delante.

Bradley reaccionó de inmediato. Michael Noonan entró por Greene para sumar otra referencia ofensiva y Adam Brennan sustituyó a Watts en el 82, buscando piernas frescas y algo de chispa desde la segunda línea. Brennan y Noonan se movieron bien, tiraron desmarques, intentaron estirar a la defensa local.

KuPS, sin embargo, cerró filas con oficio. Compacto, ordenado, negó espacios entre líneas y apenas permitió que el Rovers generara una ocasión realmente clara en el tramo final. Cada balón frontal encontró una cabeza finlandesa, cada intento de combinación murió en la frontal.

Cuando el árbitro señaló el final, el contraste era evidente: celebración contenida pero satisfecha en los locales; frustración y resignación en un Rovers que, otra vez, se queda corto en Europa.

La pregunta ya no es solo cómo se escapó esta eliminatoria, sino cuánto tiempo más podrá este grupo vivir de su dominio doméstico sin trasladarlo a las noches continentales.