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Brasil se enfrenta a Noruega con dudas y lesiones en octavos

Brasil llega a MetLife Stadium con la camiseta pesada, las piernas cargadas y más dudas que cualquiera de las otras favoritas. El domingo 5 de junio, ante Noruega en octavos, la historia pesa, las lesiones aprietan y Carlo Ancelotti se ve obligado a hacer encaje de bolillos en pleno Mundial.

Un once entre vendas y parches

El plan inicial es claro sobre el papel: Alisson en la portería. Línea de cuatro con Danilo, Marquinhos, Gabriel y Douglas Santos. Por delante, Bruno Guimarães y Casemiro como doble pivote. Tres mediapuntas: Rayan, Matheus Cunha y Vinicius Junior. Y Endrick como referencia ofensiva.

Suena potente. Pero cada nombre viene acompañado de un asterisco.

Raphinha todavía no está en condiciones de volver. Lucas Paquetá ya ha sido descartado por una lesión en los isquiotibiales. La baja anterior de Wesley obligó a retrasar a Danilo al lateral derecho, restando una pieza más al centro del campo. Y, para completar el cuadro, Casemiro salió cojeando del duelo agónico ante Japón. Se espera que juegue, sí, pero no al cien por cien.

Ancelotti, acostumbrado a gestionar vestuarios de estrellas, se enfrenta aquí a un rompecabezas de supervivencia.

El dilema en la sala de máquinas

Sin Paquetá, la solución más directa tiene nombre y apellido: Endrick. El joven delantero entraría en el once, Matheus Cunha retrasaría su posición para ocupar la zona de creación por detrás del ‘9’ y Brasil mantendría su filo ofensivo. Más riesgo, más talento entre líneas, más exposición atrás.

La alternativa es mucho más pragmática. Danilo Santos podría entrar en el centro del campo para blindar la medular, reforzar la protección de la zaga y dejar a Cunha como punta. Menos fantasía, más equilibrio. Un Brasil menos brillante, pero quizá más preparado para resistir los golpes de un partido cerrado.

Y en un rincón del vestuario, siempre aparece el mismo nombre: Neymar. El jugador que mejor entiende el rol de enganche, el que puede cambiar un partido con un pase, una pausa, una falta provocada. Pero el cuerpo no acompaña todavía. No está plenamente listo. Ancelotti sabe que adelantar su regreso puede costarle caro más adelante.

El técnico italiano tendrá que decidir si se lanza al vacío con los jóvenes o si protege su estructura con un mediocampo más pesado. No es un matiz táctico: es el tono emocional con el que Brasil va a jugar este Mundial a partir de ahora.

Un rival incómodo y una historia torcida

Y al otro lado espera Noruega. No es un nombre clásico de las fases finales, pero llega con algo que asusta a cualquiera: un delantero en estado de gracia. Erling Haaland suma cinco goles en su primer Mundial y ha arrastrado a su selección a los octavos por primera vez en 28 años. Es un debutante en estas alturas, sí, pero juega como si llevara toda la vida aquí.

La amenaza es directa. Si Brasil se parte por dentro, Haaland no perdona. Si la defensa retrocede demasiado, liberará a Noruega para respirar y crecer. Marquinhos y Gabriel tendrán una noche larga.

Y luego está la historia, que no ayuda. Brasil nunca ha vencido a Noruega en cuatro enfrentamientos. Entre esos partidos figura aquel 2-1 del Mundial de 1998, un recuerdo que todavía escuece en la memoria colectiva brasileña. Cada vez que se cruzan, algo se tuerce.

MetLife Stadium no es París ni Marsella, pero el peso simbólico es parecido: un gigante obligado a romper una maldición en medio de una plaga de lesiones y con su columna vertebral tocada.

Brasil llega herido, pero sigue siendo Brasil. Noruega llega hambrienta, con un goleador desatado y sin nada que perder. En un cruce donde la historia va en contra y el físico no acompaña, la pregunta es sencilla y brutal: ¿le alcanzará al talento para sostener el peso de la camiseta cuando el reloj se acerque de nuevo al tiempo añadido?