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Carrick bajo fuego: ¿duda Scholes sobre su continuidad?

El idilio duró poco. Michael Carrick, de 45 años, pasó de ser el técnico interino ilusionante entre enero y mayo a un entrenador cuestionado apenas iniciado su primer curso completo al mando. Aquella buena impresión le valió un contrato hasta la temporada 2026-27. Hoy, con el equipo 13º en la Premier League y solo una victoria en seis partidos, el optimismo se ha evaporado.

United juega lento, previsible, desconectado durante tramos largos de los encuentros. Y en Old Trafford ya conocen demasiado bien el guion de las destituciones a mitad de curso: Erik ten Hag fue despedido en octubre de 2024, Ruben Amorim cayó a principios de 2026. El club se ha acostumbrado a pulsar el botón del pánico.

Esta vez, la cúpula parece inclinada a conceder a Carrick una prórroga, no una ejecución inmediata. Pero el mensaje interno es claro: octubre y principios de noviembre serán un examen sin red. O el equipo reacciona de forma contundente o se abrirá otra vez la puerta giratoria del banquillo.

Scholes, sin anestesia: “¿No estará pensando ‘sacadme de aquí’?”

En el podcast The Good, the Bad and the Football, Paul Scholes, excompañero de Carrick y voz siempre influyente en el entorno del club, puso palabras a una sensación incómoda: la duda sobre cuánto desea realmente el técnico seguir en esta montaña rusa.

“Michael hizo un buen trabajo en Middlesbrough con lo que tenía. Creo que Middlesbrough probablemente esperaba más con el presupuesto que manejaba”, apuntó Scholes, cuestionando el impacto global de Carrick como entrenador. Y luego fue directo al corazón del asunto: “Hay una parte de mí, cuando miro a Michael porque le conozco… Michael es un buen chico. ¿Hay una parte de él que está pensando: ‘Sacadme de aquí. Sacadme de aquí, me voy con unos cuantos millones’?”

El comentario no es menor. No habla solo del rendimiento, habla del desgaste. De la presión que aplasta. De un banquillo que, en los últimos años, ha devorado entrenadores con un ritmo casi cíclico.

Hurzeler en el radar, pero Scholes no compra el relato fácil

Con el futuro de Carrick tambaleándose, el nombre de Fabian Hurzeler, técnico de Brighton, ha aparecido como posible alternativa. El alemán ha impulsado a los Seagulls hasta la tercera plaza tras un arranque brillante, un trabajo que no ha pasado desapercibido en los despachos de United.

Scholes reconoce el mérito, pero pisa el freno ante la idea de que cualquier proyecto emergente pueda trasladarse sin más al entorno de Old Trafford. “Lo está haciendo genial. Parece de verdad”, concede. “Pero, otra vez, Man United es diferente. El escrutinio está sobre ti cada semana. Si Brighton no ganara en los próximos 10 partidos, a nadie le importaría demasiado. La única cosa que alguien como Hurzeler tiene por encima de Michael es que ya ha hecho un cuerpo de trabajo en la Premier League”.

El mensaje es nítido: no se trata solo de encontrar al próximo técnico de moda, sino de medir quién soporta el foco incesante, la crítica diaria, el peso histórico de un club que no perdona tropiezos.

El dardo hacia arriba: “¿Cuándo se empieza a culpar a los de arriba?”

Scholes no se quedó en el análisis del banquillo. Giró la mirada hacia el palco y cargó contra la dinámica de cambios constantes en el banquillo que ha marcado los últimos años del club.

“Llevamos así tres años”, lamentó. “Parece, o suena, que van a cambiar otra vez de entrenador. ¿Cómo podemos seguir haciendo esto? Volvemos al punto de partida tras seis partidos de la temporada. ¿Cuándo dejas de despedir entrenadores y empiezas a culpar a los de arriba, a los que posiblemente compran a los jugadores, a los que señalan a Michael?”

Ahí está el núcleo del malestar. Cada destitución reinicia el proyecto, reescribe la idea de juego, reordena el vestuario. Pero los responsables de la planificación, de las plantillas descompensadas, de las apuestas fallidas en fichajes, siguen en sus puestos.

Un mes para cambiarlo todo… o para encender otra crisis

Carrick entra ahora en un tramo decisivo. El calendario aprieta, el margen de error se reduce y la paciencia se agota. La directiva espera un giro radical en el rendimiento en las próximas semanas para justificar la apuesta que hizo en verano y rescatar una temporada que ya huele a problema.

Si el equipo continúa plano, sin energía ni colmillo, y no escala posiciones en la Premier League, el club se verá empujado a tomar decisiones drásticas. Otra vez. Y si eso ocurre, como advirtió Scholes, no será solo otro capítulo en la saga de entrenadores despedidos.

Será la prueba definitiva de que la inestabilidad en Old Trafford ya no se mide solo en puntos y resultados, sino en los despachos que eligen a los jugadores y al próximo hombre al que, tarde o temprano, volverán a señalar.