Corea del Sur a 30 días del Mundial: desconfianza y oportunidades
La cuenta atrás ya ha entrado en zona caliente en Corea. Falta un mes para que arranque la Copa del Mundo y la gran pregunta sigue sin respuesta clara: ¿le va a dar tiempo a esta selección, tan discutida como seguida, a recomponerse antes del debut?
Desde el nombramiento de Hong Myung-bo en el verano de 2024, el ambiente alrededor de los Taegeuk Warriors se ha ido enrareciendo. No fue un fichaje popular. Ni mucho menos. Cada convocatoria en casa se convirtió en un plebiscito: abucheos constantes al técnico, pancartas pidiendo la dimisión del presidente de la federación, Chung Mong-gyu, y una sensación de divorcio creciente entre grada y banquillo.
Hasta que llegó algo todavía más elocuente que los silbidos: los asientos vacíos.
El 14 de octubre, ante Paraguay, apenas 22.206 aficionados acudieron al Seoul World Cup Stadium, con capacidad para 66.000 espectadores. La peor entrada para un partido internacional masculino en una década.
Frente a Ghana, el 18 de noviembre en el mismo escenario, se mejoró la cifra hasta 33.256, pero la imagen seguía siendo la de una selección que ya no arrastra como antes.
Corea ganó esos dos amistosos y también se impuso a Bolivia, el 14 de noviembre en Daejeon, arropada por unas 33.000 personas. Tres victorias, sí. Pero sin brillo, sin autoridad, sin ese fútbol que enciende la imaginación a un mes de un Mundial.
El golpe serio llegó en 2025, en el arranque del año mundialista. Dos amistosos fuera de casa, dos derrotas y demasiadas dudas: 4-0 ante Costa de Marfil el 28 de marzo y 1-0 frente a Austria tres días después. El marcador y las sensaciones se alinearon en la misma dirección: preocupación.
Un grupo accesible… sobre el papel
El pesimismo del entorno choca con un dato frío: el sorteo ha sido benévolo. Corea, número 25 del ranking mundial, ha caído en un Grupo A que muchos analistas consideran de los más amables del torneo. Sus rivales: México (15 del mundo), Czechia (41) y Sudáfrica (60).
El calendario también ayuda. Debut ante Czechia el 11 de junio en Guadalajara (8 p.m. hora local, 11 a.m. del 12 de junio en Corea). Segundo partido, la cita que siempre intimida: México, el 18 de junio, también en Guadalajara (7 p.m. locales, 10 a.m. del 19 en Corea). Cierre frente a Sudáfrica el 24 de junio en Monterrey (7 p.m. locales, 10 a.m. del 25 en Corea).
Tres partidos en territorio mexicano, dos en la misma ciudad. Menos desplazamientos, menos desgaste. Un pequeño privilegio en el primer Mundial organizado por tres países —México, Canadá y Estados Unidos— y el más grande de la historia, con 48 selecciones y una nueva ronda de 32 en las eliminatorias.
El formato abre la puerta: avanzan los dos primeros de cada uno de los 12 grupos y los ocho mejores terceros. Con ese escenario, muchos expertos coinciden en que Corea debería superar la fase de grupos sin excesivo drama. Otra cosa es lo que venga después.
Un historial que pesa y una barrera clara
Esta será la undécima participación consecutiva de Corea en una Copa del Mundo. Lejos de casa, el techo histórico marca dos apariciones en las rondas de eliminación: octavos de final en Sudáfrica 2010 y en Qatar 2022.
El analista televisivo Kim Dae-gil lo ve con moderado optimismo: al menos hasta octavos. Su razonamiento es simple: el grupo. Según él, el nivel de los rivales permitirá a Corea dosificar mejor sus fuerzas que en otros torneos.
“Podemos ganar a Czechia y Sudáfrica seis veces de cada diez”, argumenta.
Si el equipo avanza como primero o segundo, el cruce en la nueva ronda de 32, en teoría, también será abordable.
El plan, sobre el papel, se sostiene en dos nombres propios: Son Heung-min, ahora en Los Angeles Football Club, y Lee Kang-in, cerebro del Paris Saint-Germain. Dos futbolistas capaces de cambiar un partido con una acción, de inventar ocasiones de gol donde no hay nada.
Ahí aparece el primer gran temor de Kim: lo que hay detrás de ellos.
“La diferencia entre titulares y suplentes es considerable”, avisa.
Para ir más allá de los octavos, Corea necesita algo más que dos estrellones. Necesita respaldo, fondo de armario, secundarios que sostengan el plan cuando los focos no están sobre ellos. Y, sobre todo, necesita que Son llegue sano y se mantenga así.
Las alarmas de Hwang In-beom y el bajón de las estrellas
No todos comparten el optimismo de Kim. Seo Hyung-wook, otro analista, ha rebajado su previsión. Al principio veía a Corea en octavos. Ahora, con la lesión de Hwang In-beom, sitúa el techo en la nueva ronda de 32.
Hwang es mucho más que un centrocampista. Es equilibrio, lectura de juego, trabajo en las dos áreas. Un futbolista casi insustituible para esta selección. Se recupera de una lesión en el tobillo derecho, sufrida en marzo con el Feyenoord, y lo hace bajo la supervisión del cuerpo médico de la selección.
Seo mira más allá del parte médico y no le gusta lo que ve: otros pilares tampoco atraviesan su mejor momento. Lee Kang-in y Kim Min-jae, central del Bayern Munich, han perdido protagonismo en sus clubes. Menos minutos, menos ritmo, más incógnitas.
La gran fortaleza, según Seo, sigue siendo la química entre las figuras que juegan en Europa: Son, Lee, Kim y compañía llevan tiempo juntos, se conocen, han compartido grandes citas. El problema es la cantidad. No son tantos.
“En este momento, no se puede decir que haya alguien preparado para rendir a nivel verdaderamente mundial en esta Copa del Mundo”, sentencia Seo.
Un diagnóstico duro, pero que refleja el escepticismo creciente.
Un ataque intermitente y un plan que no despega
El tercer analista, Park Chan-ha, también ve a Corea cayendo en la ronda de 32. Reconoce talento en la plantilla que dirige Hong Myung-bo, pero detecta un patrón preocupante: le cuesta horrores generar ocasiones claras.
El equipo, explica, vive demasiado de chispazos individuales. Depende de que sus mejores jugadores conviertan en oro las pocas oportunidades que aparecen. Y eso, en un Mundial, suele tener fecha de caducidad. Las dos derrotas de marzo le sirven como advertencia: cuando el plan colectivo no funciona, el margen de error se desploma.
La situación de Hwang In-beom vuelve a aparecer como un punto crítico. Si no llega o lo hace limitado, esa fragilidad en la creación se multiplicará. Menos líneas de pase, menos salida limpia, más balones divididos. Más riesgo.
El partido que puede marcarlo todo
Park no duda al señalar el encuentro clave: el primero, ante Czechia. Lo define como un duelo que Corea “debe ganar”. Si no lo hace, el grupo se puede torcer desde el inicio.
Czechia no es un equipo desbocado hacia el ataque. Prefiere protegerse, cerrarse, esperar su momento. Justo el tipo de rival que incomoda a una Corea que sufre cuando tiene que derribar muros bien organizados. Si el partido se encalla, la ansiedad puede jugar un papel determinante.
Seo coincide en el peso histórico del estreno. Recuerda que, para Corea, el resultado del primer partido ha marcado con frecuencia el destino del resto del torneo. El segundo rival es México, una selección acostumbrada a convivir con la presión mundialista y a competir con fiabilidad en la fase de grupos. Llegar a ese choque sin una victoria inicial sería un escenario peligroso.
Kim Dae-gil, en cambio, desplaza el foco. Para él, el duelo crucial será precisamente el segundo, contra México. Está convencido de que ambas selecciones se jugarán el primer puesto del grupo en ese encuentro. Un detalle nada menor: acabar líder o segundo puede cambiar por completo el tipo de rival en la ronda de 32.
Entre la grada y el césped
Todo esto sucede con un telón de fondo incómodo: una afición herida, que ha pasado de llenar estadios a castigarlos con el vacío o a convertirlos en tribunales improvisados. Los abucheos a Hong Myung-bo y las protestas contra Chung Mong-gyu no son anécdotas, sino síntomas.
Corea llega a este Mundial atrapada entre dos fuerzas. Por un lado, un camino teóricamente despejado hacia las eliminatorias. Por otro, una selección que no convence, que depende demasiado de sus figuras y que aún no ha encontrado un plan colectivo sólido.
El margen de maniobra se estrecha. El reloj no se detiene. Y dentro de 30 días, cuando suene el himno en Guadalajara y el balón empiece a rodar ante Czechia, se sabrá si esta Corea estaba de verdad a un paso del despegue… o más cerca de otro aterrizaje forzoso.






