Cubarsí y Yamal: la nueva era de España en el Mundial
Luis de la Fuente dejó fuera a Pau Cubarsí de la lista para la Eurocopa con una explicación tan sencilla como contundente: tenía cuatro centrales “de mayor nivel” en ese momento. No fue una cuestión de edad. Lo demostró llevando a Lamine Yamal a Alemania y dándole la titularidad en todos los partidos salvo uno. El tiempo ha hecho el resto: hoy, en el Mundial de Norteamérica, cuesta encontrar un defensa que esté rindiendo por encima de Cubarsí. Cuesta mucho.
La solidez de España no es un truco de un solo hombre. Es un engranaje. Mikel Oyarzabal aprieta como un loco desde la primera línea, Rodri manda por delante de la zaga con una autoridad que nadie discute y los cinco de atrás se han convertido en una muralla: cuartos de final sin encajar un solo gol. Cero. En un Mundial.
Marc Cucurella está justificando por qué el Real Madrid ha puesto 60 millones de euros sobre la mesa del Chelsea. Unai Simón ha respondido a la confianza por delante de David Raya y Joan García con cinco porterías a cero consecutivas. Aymeric Laporte, a los 32, sigue compitiendo como si no pasaran los años. Y Pedro Porro, con la camiseta de España, parece otro futbolista: agresivo, concentrado, fiable.
En medio de todo eso, el que deslumbra es el niño.
Cubarsí, un veterano de 19 años
Lo que está haciendo Cubarsí con 19 años en un Mundial no es normal. Y, sin embargo, lo hace parecerlo. No se descompone, no se acelera, no se esconde. No ha dado un paso en falso en defensa y ha encontrado en Laporte el socio perfecto. De la Fuente lo resumió con claridad: en los momentos clave, la experiencia del ex de Manchester City le da a “Cuba” lo que necesita, y juntos han alcanzado un equilibrio fenomenal en el centro de la zaga.
La química se nota. Laporte corrige, guía, ordena. Cubarsí anticipa, roba, sale jugando. Uno pone años, el otro pone una serenidad impropia de un adolescente. El resultado: una pareja de centrales que se ha instalado entre las mejores del torneo.
No debería sorprender tanto. Cubarsí es titular en el Barcelona desde los 17 años. Xavi, que no regala elogios, lo definió como “un jugador de época”, el mismo sello que le colocó a Yamal. Carles Puyol, que algo sabe del puesto, vaticinó que sería el central número uno del Barça durante, al menos, los próximos 15 años. Palabras mayores.
Cubarsí, por su parte, insiste en que no siente presión. Lo dice y lo sostiene con su juego. Pero esa frialdad no hace menos extraordinario lo que está firmando: un Mundial impecable, a los 19, en el corazón de una selección candidata al título.
Un central… y un director de juego
Con Cubarsí, España no solo gana un defensor. Gana un organizador más. Un producto puro de La Masia, educado en la salida limpia, en el pase que rompe la primera línea de presión. No extraña que, a estas alturas del torneo, solo Rodri haya dado más pases que él.
Esa estadística no es decorativa. Explica por qué De la Fuente apenas lo ha tocado: Cubarsí es uno de los cuatro jugadores de la plantilla que han disputado todos los minutos del Mundial. Cada ataque de España, tarde o temprano, pasa por sus botas. Recibe, gira, filtra, cambia de orientación. Si el rival achica por un lado, él encuentra el otro.
La sensación es clara: el chico se ha vuelto imprescindible. En un equipo que se ha ganado el respeto por su seguridad defensiva, el central de 19 años es el punto de partida de casi todo.
Yamal, a la espera de su tormenta perfecta
En el otro extremo del campo, la historia es distinta. Yamal llega al Mundial marcado por una lesión muscular que le cortó en seco la temporada 2025-26 con el Barcelona y sembró dudas sobre su presencia en la cita. No jugó ni un minuto en los amistosos previos y apenas tuvo un cameo de 19 minutos en el inesperado 0-0 ante Cabo Verde.
Cuando por fin pudo arrancar de inicio, en el 4-0 ante Arabia Saudí en Atlanta, España pareció otro equipo. Yamal abrió el marcador, agitó la banda, obligó a la defensa rival a vivir permanentemente en alerta. Con él, el ataque ganó profundidad, ritmo, amenaza.
Sin embargo, desde entonces, la chispa se ha encendido a medias. Frente a Austria, en la goleada de octavos que convirtió a España en la primera selección en alinear a dos adolescentes en un partido de eliminación directa desde la época de Pelé en 1958, dejó destellos de su regate endiablado. Pero contra Portugal volvió a encontrarse con su pesadilla particular: Nuno Mendes. Otra vez un duelo áspero, otra vez pocas ventajas claras, pese a la victoria por 1-0.
El resultado es llamativo: el extremo más temido del fútbol mundial encara los cuartos de final ante Bélgica sin haber dado todavía una sola asistencia en el torneo y con solo cinco ocasiones creadas en todo el Mundial. Para cualquiera sería un dato preocupante. Para él, un simple punto de partida.
Porque Yamal sabe que no está a su nivel habitual. Y no se esconde. En una entrevista con Mundo Deportivo lo dejó claro: es muy exigente consigo mismo, nunca se conforma con lo que hace y, después de casi dos meses parado, necesita minutos, ritmo, tocar balón. Lo repite como un mantra: seguir jugando, seguir sumando, seguir acumulando sensaciones hasta que llegue “ese” partido grande.
Y añade algo que resuena en cada vestuario campeón: lo que la gente recuerda empieza en octavos, cuartos, semifinales, final. Ahí es donde él se siente más motivado. Ahí, asegura, es donde mejor juega. Nunca ha sido “el mejor” de la fase de grupos. Prefiere los días en los que todo se decide.
Un aviso para Bélgica… y para el resto
La idea de un Yamal en plena ebullición a partir de ahora es una amenaza directa para Bélgica y un mensaje incómodo para cualquiera que siga vivo en el Mundial. Si el extremo alcanza su pico justo cuando el torneo entra en su tramo decisivo, España sumará al mejor defensor joven del campeonato a un atacante llamado a romper partidos por sí solo.
Ya ocurrió en la Eurocopa 2024: Yamal apareció cuando más quemaba el balón y empujó a España hacia el título. Hoy, el escenario se parece peligrosamente. Con Cubarsí consolidado como figura “de época” en la retaguardia y el 19 preparado para encenderse cuando la presión sea máxima, la pregunta ya no es si están listos para este Mundial.
La pregunta es quién se atreve a frenarlos ahora.





