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El debut de Bill Murray como técnico del Sunderland

Bill Murray apenas llevaba unos meses en el cargo cuando llegó el 30 de agosto de 1939. Había sustituido a Johnny Cochrane en marzo y seguía dando sus primeros pasos como técnico de Sunderland. Sabía bien dónde se metía: había sido jugador a las órdenes de Cochrane, conocía el listón que se exigía en Roker Park y tenía un objetivo claro, devolver al club al nivel de los campeones de liga de 1936 y de la FA Cup de 1937, muy lejos ya tras el desplome de la última etapa de su predecesor.

El arranque del curso 1939-40 había alimentado la ilusión. Victoria ante Derby County en la primera jornada y la sensación de que el viejo Sunderland podía estar de regreso. Pero el siguiente partido, aquel día de finales de agosto ante Huddersfield Town, bajó de golpe las expectativas. Los visitantes se llevaron los dos puntos con una actuación mucho más compacta y madura, y dejaron al desnudo la cantidad de trabajo que aún tenía por delante el nuevo técnico si quería convertir de nuevo a los Lads en una fuerza constante.

Un Sunderland frágil y un capitán tocado

Sobre el césped, las carencias fueron evidentes. Atrás, los locales dudaban, llegaban tarde a los cruces y sufrían para emparejarse con sus rivales. Arriba, el ataque apenas carburó. Las crónicas del día siguiente apuntaban a un arbitraje demasiado permisivo con una serie de faltas al límite por parte de Huddersfield, algo que no ayudó al juego de Sunderland. Pero el problema de fondo estaba en otra parte.

El capitán, Raich Carter, había sufrido un golpe y no se movía con la soltura habitual. El equipo lo acusó. Sus compañeros no lograron llenar el vacío que dejaba su líder mermado, y la crítica fue dura con ellos. Solo uno salió realmente bien parado: el guardameta Johnny Mapson. Hubo consenso en que poco o nada pudo hacer en los dos tantos del rival.

El primer gol de los hombres de Clem Stephenson llegó pronto y no estuvo exento de polémica. Algunos espectadores estaban convencidos de que el cabezazo de Billy Price había entrado directamente. El acta, sin embargo, recogió el tanto como un gol en propia puerta de Jimmy Gorman, que había ido al salto con Price en el centro lateral. El golpe inicial, a los cuatro minutos, condicionó el resto del duelo.

Carter logró empatar pasada la media hora, al 33’, y por un momento pareció que Sunderland podía rehacerse. Pero la sensación de fragilidad nunca desapareció del todo. Huddersfield siguió mostrando más orden, más oficio, más claridad de ideas. Y cuando el reloj se acercaba al tramo final, Price apareció de nuevo para firmar el 1-2 en el minuto 80. Esta vez no hubo discusión: fue el tanto que decidió el encuentro.

Cuando la gente abandonó Roker Park, pocos discutían el resultado. La superioridad visitante había sido demasiado evidente.

Fútbol bajo la sombra de la guerra

En realidad, muchos aficionados tenían la cabeza en otra parte. Quien hubiera comprado un periódico antes de ir al campo se encontraba con primeras páginas dominadas por la tensión internacional y la amenaza cada vez más real de una segunda guerra mundial.

El Sunderland Echo and Shipping Gazette hablaba de la radio francesa pasando a manos de las autoridades militares y de las negociaciones a contrarreloj entre las potencias europeas. Una fotografía mostraba a obreros levantando un muro de sacos de arena frente al Royal Infirmary como medida de precaución. Otra pieza detallaba la organización de cascos y respiradores para los padres de Sunderland, con información sobre demostraciones y puntos de recogida en distintos colegios de la ciudad.

  • Redby
  • Hudson Road
  • Cowan Terrace
  • Thomas Street
  • Commercial Road
  • Hylton Road
  • Diamond Hall
  • High Southwick
  • James William Street
  • Barnes

figuraban como centros donde los niños podían ser equipados, con versiones especialmente adaptadas para los más pequeños. Era una lectura dura, inquietante, que inevitablemente se colaba en el ambiente del partido, por mucho que el fútbol pretendiera ser un refugio.

En las gradas de Roker Park se mezclaban los habituales con soldados y marineros ya movilizados por la emergencia, fácilmente reconocibles por sus uniformes. Entraban pagando la mitad, con una condición casi simbólica: debían acceder por la puerta reservada normalmente para los chicos. La tarde, sin embargo, no les ofreció un gran desahogo. La actuación del equipo, apagada y errática, aportó poco al ánimo general de la ciudad. Algunos, aun así, quizá se aferraron a cada minuto, con la sospecha de que podría ser su última visita al estadio en mucho tiempo.

El fútbol se desvanece

Una semana después, el contexto había cambiado por completo. Para el siguiente compromiso, en el campo de Arsenal, Polonia ya había sido invadida por las fuerzas alemanas y la guerra a gran escala se veía como inevitable.

Se decidió que el duelo en Highbury arrancara a las 17:00, más tarde de lo previsto inicialmente, para no sobrecargar el transporte público sometido a horarios de emergencia y dar tiempo a completar una evacuación acelerada de niños de la zona. El balón rodó, pero el fútbol era ya un asunto secundario.

No tardó en llegar la confirmación de lo que muchos temían: los resultados ante Derby, Huddersfield y Arsenal fueron eliminados de los registros oficiales. El proyecto de reconstrucción de Bill Murray quedó en suspenso. En lugar de diseñar la evolución del equipo, el técnico pasó a encargarse del entrenamiento físico de tropas destinadas en County Durham. Roker Park, señalado rápidamente como zona de evacuación, quedó casi inactivo durante los dos años siguientes.

Aquel Sunderland 1-2 Huddersfield Town, jugado ante 16.315 espectadores, quedó atrapado entre dos tiempos: el de un club que buscaba recuperar su grandeza y el de un país que se preparaba para la guerra. El marcador se borró de los libros, pero la sensación de incertidumbre que dejó en la grada fue imposible de olvidar.

Sábado 30 de agosto de 1939
Football League Division One
Sunderland 1 (Carter 33’)
Huddersfield Town 2 (Gorman p.p. 4’, Price 80’)

Sunderland: Mapson; Gorman, Hall; Housam, Lockie, Hastings; Duns, Carter, Robinson, Smeaton, Burbanks.

Roker Park, asistencia: 16.315.