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FC United of Manchester: Una historia de pasión y resistencia

En un campo de 3G pegado a Broadhurst Park, sin focos de televisión ni gradas a rebosar, Adam Le Fondre pasa el mediodía de un martes corrigiendo desmarques y gestos técnicos a una docena de chavales de la academia de FC United of Manchester. Un delantero con más de 300 goles en el fútbol profesional, 14 de ellos en aquella única temporada en la Premier League, trabajando en silencio con chicos que probablemente nunca se acerquen a ese nivel.

Es la otra cara de Manchester. La que no sale en los informes financieros ni en los comunicados corporativos.

De Old Trafford a Broadhurst Park

Han pasado 21 años desde que la familia Glazer aterrizó en Manchester United y cargó al club con unos 600 millones de libras de deuda. Y han pasado también 21 años desde que un grupo de aficionados decidió dejar de limitarse a las pancartas y cánticos de protesta para fundar su propio club, propiedad de los hinchas.

De ese gesto nació FC United of Manchester. De ese enfado, pero también de ese amor.

“Nosotros no dejamos de querer a Manchester United. Empezamos FC United porque lo queríamos”, explica Nick Boom, actual presidente del club. Habla en el pequeño universo de Broadhurst Park, un estadio de 4.900 asientos que vibra con canciones que remiten inevitablemente a Old Trafford. El humor, las tradiciones, los cánticos: todo viene de allí. Pero, dos décadas después, aquí ya hay algo más.

“Después de 21 años, también tenemos nuestra propia identidad. Tenemos un sentido de pertenencia en el norte de Manchester. Somos inconfundiblemente un club de Manchester”, subraya Boom. En las gradas se mezclan antiguos abonados de Old Trafford expulsados por los precios, seguidores desencantados con la Premier League y vecinos que han encontrado en este club un lugar al que ir con amigos y familia sin tener que hacer números cada fin de mes.

La idea es simple, casi clásica: fútbol como punto de encuentro. Poder sentarse o estar de pie junto a los tuyos, comer algo decente, beber una cerveza en la grada, cantar un rato y olvidarse de todo durante dos horas. Cada vez menos gente puede permitirse eso “arriba”, por precio y por accesibilidad. Aquí, en cambio, sienten que su papel es más necesario que nunca.

Un club que se mira por dentro

FC United no se esconde de su realidad. Cada mes, los 1.528 socios adultos reciben un resumen de la reunión de la junta directiva con el detalle de la gestión diaria. No hay misterios: cuánto se ingresa, cuánto se gasta, qué se está intentando mejorar.

En Broadhurst Park, por ejemplo, van a ampliar la generación de energía solar. Calculan que el ahorro puede llegar a unas 4.000 libras al año. Un aficionado acaba de donar 5.000 libras. El plan “own your own football club for £5-a-month” sigue en marcha para reforzar la base social y financiera. Y se comparan con otros clubes de propiedad de aficionados, como Bury, que tras su relanzamiento compite ahora en la misma liga que FC United.

El calendario ya marca en rojo el Boxing Day, cuando ambos se medirán en un partido que promete llenar Broadhurst Park.

Pero el romanticismo no borra las cifras. Igual que el gigante de Old Trafford, FC United también arrastra una deuda considerable. “La propiedad de los aficionados no es fácil”, admite Boom. “No hay un multimillonario listo para firmar un cheque a final de mes y cubrir los agujeros”.

El club cumplió el sueño de tener estadio propio, un hogar de verdad. Y ahí se pasaron de frenada. “La deuda se descontroló durante un tiempo. Se descontroló, porque el clamor era tener nuestro propio campo. Pero nos sobreextendimos y el estadio no se gestionó tan bien como se podría. Hemos aprendido lecciones duras sobre el nivel de experiencia que necesitas, incluso a este nivel, para llevar un club”.

El desgaste del estadio ya es visible. Los socios siguen rechazando que haya un patrocinador en el frontal de la camiseta, pero el debate sobre vender los naming rights de Broadhurst Park está abierto. El romanticismo choca con el hormigón que se agrieta.

Un reciente cambio en los puestos directivos ha traído consigo una revisión de las relaciones comerciales del club. La prioridad, cuando se puede, es vincularse con negocios locales e independientes. No hay grandes corporaciones, sí comercios de barrio que se identifican con el proyecto.

Boom, que trabaja en el sector financiero, intenta ahora enderezar las cuentas. El pronóstico para este año es de un beneficio superior a las 100.000 libras, una mejora de 350.000 respecto al ejercicio anterior. Aun así, calculan que necesitan un superávit anual cercano a las 200.000 libras para poder acometer las obras imprescindibles en el estadio y sus alrededores y, al mismo tiempo, cumplir con el calendario de devolución de los préstamos.

El presidente calcula que dedica unas 70 horas semanales al club. Como voluntario. Y viviendo en West Yorkshire. No hace falta preguntarle si le compensa: se le nota en la mirada cuando habla del siguiente partido.

FA Cup, cheques pequeños y sueños grandes

Mientras Michael Carrick lleva a su equipo a Leeds, con la urgencia de un triunfo que rebaje el ruido en torno a él y a su club, FC United prepara un viaje bastante más corto: visita a Altrincham, equipo metido de lleno en la lucha por el play-off de la National League, en la cuarta ronda clasificatoria de la FA Cup.

No es una simple excursión. El ganador se embolsa 9.375 libras y se garantiza, como mínimo, otras 15.800 por alcanzar la primera ronda. El perdedor se lleva 3.125. Cantidades modestas en la élite, vitales aquí.

Ese dinero importa. Mucho. Pero Boom insiste en que, cuando el árbitro pite el inicio, su cabeza se vacía de hojas de cálculo. En ese momento, solo hay fútbol. El resto vuelve después.

Un día más tarde, Manchester United viajará también a Leeds, arrastrando una temporada de turbulencias que ha reactivado protestas feroces contra la propiedad, las mismas de las que Boom formó parte hace años y que ahora observa desde fuera. Aunque la distancia no es tanta: FC United mantiene una relación cercana con The 1958 Group, uno de los colectivos más activos en las protestas recientes.

“Una tragedia absoluta”

Boom no rebaja el tono cuando habla del club al que sigue queriendo. “Lo que le ha pasado a Manchester United es una tragedia absoluta”, sentencia. No lo dice en caliente, sino con el poso de dos décadas de frustración acumulada.

“Es una de las grandes instituciones deportivas del mundo, un club con una historia extraordinaria, construida sobre los logros, sacrificios y lealtad de generaciones de personas. Y, sin embargo, durante más de 20 años se le ha tratado cada vez más como un activo financiero por parte de unos propietarios que parecen completamente desconectados de lo que el club significa para sus aficionados”.

No hay diplomacia en su análisis de la etapa Glazer. “Su propiedad ha sido vergonzosa. Adquirieron Manchester United mediante una compra apalancada, lo cargaron de deuda y se han beneficiado enormemente de algo que no hicieron nada por crear. Mientras tanto, el club ha sufrido años de declive y su relación con los aficionados se ha ido erosionando de forma constante”.

La llegada de Jim Ratcliffe y INEOS, con su participación minoritaria desde diciembre de 2023, tampoco le inspira demasiada confianza. “Veo muy pocas pruebas de que representen una filosofía fundamentalmente distinta. Ratcliffe puede hablar de restaurar Manchester United, pero no se puede reconstruir un club de fútbol desmantelando precisamente la cultura y la comunidad que lo hicieron grande”.

Ratcliffe ha impulsado medidas tan impopulares como dos rondas de despidos, defendidas por él como necesarias para devolver el club a la rentabilidad. Palabras que en Broadhurst Park suenan a otro idioma.

Boom, sin embargo, no se sitúa contra quienes siguen levantando la voz. Al contrario. “Tenemos un enorme respeto por cualquiera que siga protestando. Fue especialmente gratificante que, después de más de 20 años, The 1958 Group se pusiera en contacto con FC United. Hemos desarrollado una buena relación y, aunque hemos tomado caminos distintos, nos une la creencia de que Manchester United y sus aficionados merecen algo mejor”.

Camino propio, misma ciudad

En el campo de 3G, los chavales de la academia siguen escuchando a Le Fondre, que corrige un control orientado aquí, una carrera al espacio allá. Saben que la Premier League está lejos, pero sienten que hay un puente hacia el primer equipo y, al mismo tiempo, una vía para seguir formándose gracias al acuerdo del club con Manchester College.

Ese es el modelo: un club que intenta abrir puertas al fútbol sénior sin cerrar las del aula, que publica sus números a los socios, que discute si vender el nombre de su estadio, que sueña con una buena racha en la FA Cup para respirar un poco mejor.

En el otro lado de la ciudad, otro United se debate entre balances multimillonarios, protestas masivas y decisiones corporativas. Aquí, en cambio, un presidente voluntario de West Yorkshire se prepara para otra semana de 70 horas al servicio de un club que nació como acto de rebeldía y que, 21 años después, se ha convertido en un recordatorio incómodo de lo que el fútbol fue y de lo que, en algunos rincones de Manchester, todavía se empeña en ser.