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Fin de ciclo para Darren Bazeley en Nueva Zelanda

New Zealand Football cerró este sábado una etapa. Darren Bazeley no continuará al frente de la selección absoluta masculina tras el último Mundial, una decisión que pone punto final a un mandato de cuatro años marcado por la clasificación histórica… y por una fase de grupos que dejó al equipo corto de su gran objetivo.

El técnico de 54 años seguirá en el cargo solo hasta noviembre, cuando expire su contrato después de dos amistosos en casa frente a India. Después de eso, la era Bazeley será archivo.

Del sueño de clasificar al golpe de realidad

Bazeley pasará a la historia del fútbol neozelandés por un mérito indiscutible: guiar a los All Whites a su segundo Mundial absoluto masculino. En un torneo de 48 selecciones, con Nueva Zelanda como la peor ubicada en el ranking FIFA —86.ª—, el reto era mayúsculo desde el primer día.

El debut ofreció un hilo de esperanza. Un 2-2 ante Irán en junio, valiente, abierto, con la sensación de que el equipo podía competir de tú a tú pese a las diferencias de jerarquía.

Después llegó el muro.

Derrota 3-1 ante Egypt. Golpe duro, pero aún dentro de lo asumible. Y el cierre fue un baño de realidad: 5-1 frente a Belgium, una selección de otra dimensión, que expuso todas las costuras de un conjunto todavía en construcción.

El balance fue incontestable: un punto, dos derrotas, sin billete a los cruces. Y ahí se encendió el debate interno.

Expectativas crecientes, paciencia limitada

En Nueva Zelanda ya no basta con “estar” en el Mundial. La federación había dejado claro el listón: avanzar por primera vez en la historia a la fase eliminatoria. El equipo no lo logró y la consecuencia ha sido directa.

Bazeley no lo ocultó. Asumió el desenlace con una mezcla de decepción y realismo.

El entrenador admitió que se marchaba dolido, pero consciente de que el juicio se mide en resultados y que la federación ha tomado una “decisión de fútbol”. Subrayó que le habría gustado seguir en el próximo ciclo, aunque aceptó que el equipo no alcanzó lo que se había propuesto.

Una obra inacabada

Pese al desenlace, Bazeley defendió el trabajo de fondo. Habló de cuatro años de construcción paciente, de una base joven y de un proyecto que, a su juicio, apenas empezaba a despegar.

Insistió en que este grupo tiene margen para crecer de cara al próximo FIFA World Cup y dejó claro que cree de verdad en el potencial de la plantilla, aunque ya no vaya a dirigirla desde el banquillo.

Ahí queda una de las paradojas de su etapa: el seleccionador que devuelve a Nueva Zelanda al escaparate mundial, pero que no sobrevive al primer filtro del torneo.

Quince años en la trinchera del fútbol neozelandés

Inglés de nacimiento, exdefensa de larga trayectoria en Watford, Bazeley no es un recién llegado al ecosistema del fútbol oceánico. Lleva 15 años ligado a Nueva Zelanda en distintos niveles, moldeando generaciones y ocupando varios cargos técnicos.

Antes de asumir el mando absoluto en 2022, fue asistente de los propios All Whites. Conocía el vestuario, conocía la federación, conocía el contexto. Precisamente por eso su salida marca algo más que un simple cambio de nombre: es el cierre de una línea de continuidad que se venía trazando desde hace más de una década.

Ahora la federación se enfrenta a una encrucijada clara: mantener la apuesta por esa base joven que Bazeley ayudó a consolidar o romper el molde y buscar un giro radical en la identidad del equipo.

El Mundial ya dejó su veredicto. El próximo seleccionador deberá escribir el siguiente.