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Guimaraes ya entrena con Arsenal mientras se atasca el anuncio

La gran presentación que la afición de Arsenal lleva días esperando sigue sin producirse. El fichaje de Bruno Guimaraes está cerrado sobre el césped, pero atrapado en la burocracia. El acuerdo con Newcastle United es total, la operación está pactada, el jugador ya se entrena a las órdenes de Mikel Arteta… y, sin embargo, el club aún no puede levantar el telón.

Según informa The Sun a partir de lo publicado por Diario AS, el vigente campeón de la Premier League ha sellado con Newcastle un traspaso de 75 millones de libras, a pagar íntegramente en un plazo de 24 meses y sin bonus por objetivos. Nada de variables, ni cláusulas creativas: dinero fijo y calendario claro. El retraso, apuntan esas informaciones, responde únicamente a cuestiones de procedimiento interno, sin sobresaltos deportivos ni giros de guion en la negociación.

Mientras tanto, la realidad va por delante del comunicado oficial. Guimaraes ya se ha vestido de corto en Londres. El centrocampista brasileño participó el viernes en su primera sesión de pretemporada bajo la mirada de Arteta, integrándose de inmediato en la dinámica del vestuario de Arsenal. Un gesto contundente: el club confía en que los últimos flecos administrativos se resuelvan de manera inminente y no quiere perder ni un día de trabajo con una de sus piezas llamadas a marcar la temporada.

El viaje hacia el norte de Londres comenzó lejos de Inglaterra. Guimaraes se reunió con el nuevo técnico de Newcastle, Matthias Jaissle, en la concentración de pretemporada en España para solicitar formalmente su salida. Con el visto bueno del club de Tyneside, el mediocentro no perdió tiempo: vuelo directo a Londres, reconocimiento médico y, desde entonces, vida de jugador de Arsenal a falta de la foto con la bufanda y la firma estampada en la web oficial.

Su marcha cierra un capítulo brillante en Newcastle. Llegó procedente de Lyon en enero de 2022 por 40 millones de libras y se transformó en algo más que un fichaje acertado: líder, capitán, símbolo. En cuatro años y medio defendiendo la camiseta de las Urracas, acumuló 195 partidos, 31 goles y 32 asistencias, cifras que explican solo una parte de su impacto.

El punto culminante llegó la pasada temporada, cuando se convirtió en uno de los pilares del equipo que rompió una sequía de 70 años sin títulos alzando la Carabao Cup. Guimaraes fue el eje de un proyecto que se asomó por fin a los trofeos y devolvió a la grada la sensación de grandeza perdida. Por eso, su adiós no es solo una operación millonaria: es una pérdida de jerarquía, carácter y calidad en pleno proceso de reconstrucción.

Y ese proceso en Newcastle está siendo especialmente convulso. La venta de Guimaraes se suma a un mercado de salidas dolorosas. El club ya había dado luz verde a las marchas de Anthony Gordon y Sandro Tonali, y ha tenido que digerir también la salida del entrenador Eddie Howe, arquitecto del resurgir reciente. A la vez, la dirección deportiva ha visto cómo dos de sus objetivos prioritarios, Johan Manzambi y Victor Munoz, elegían destinos rivales en la Premier League: Aston Villa y Liverpool, respectivamente.

En contraste, Arsenal ve cómo se acerca a la línea de meta con uno de los grandes nombres del verano. El acuerdo económico está firmado, el jugador ya pisa el césped de London Colney y Arteta empieza a probar encajes y sociedades en el centro del campo. Solo falta que los papeles viajen por los canales correctos, que se estampen las firmas y que el club pulse el botón de publicar.

Hasta entonces, la afición gunner seguirá refrescando las redes, esperando la imagen de Guimaraes con la camiseta roja y blanca. Si los despachos no se interponen, el fichaje que agita el mercado inglés está a un simple trámite de cambiar el mapa del próximo curso.