Logotipo completo Alargue Final

Inglaterra y el desafío de Declan Rice en el Mundial

Aaron Cresswell lo definió hace tiempo con una mezcla de admiración y resignación: “un fenómeno de la naturaleza”. Para el exlateral de West Ham, Declan Rice era el futbolista que nunca se apagaba, el que podía jugar “seis o siete partidos por semana” sin pestañear.

La cifra real desde el inicio de la temporada 2020-21 impone respeto: 360 partidos. Un maratón incesante. Motor de un West Ham que enlazó grandes recorridos europeos en 2022 y 2023, pieza fija en la Inglaterra de Gareth Southgate y, desde hace tres años, corazón competitivo de un Arsenal que pelea a la vez por la Premier League y la Champions League.

El problema es que hasta los fenómenos se cansan.

Un estreno de Mundial con señales de alarma

En el 63º partido de su temporada 2025-26, Rice ya no pareció Rice. Inglaterra ganó 4-2 a Croacia en un debut de Mundial tan vibrante como caótico, pero el centrocampista de 27 años dejó más dudas que certezas.

El dibujo en la medular no ayudó. Demasiado espacio entre Rice y Elliot Anderson en una primera parte preocupante, un equipo partido, y un detalle llamativo: Rice hundiéndose demasiado cerca de los centrales y siendo arrastrado fuera de zona por Luka Modric. Inglaterra perdió control, perdió altura y, por momentos, perdió el hilo del partido.

Thomas Tuchel confía en corregir esos desajustes antes de medirse a Ghana el martes. Lo que inquietó de verdad llegó en el minuto 72, con Inglaterra defendiendo un 3-2 delicadísimo. Ahí, donde Rice suele crecerse, apareció el gesto que nadie esperaba: cambio.

Tuchel explicó después que el mediocentro sintió molestias en la parte baja de la espalda y en la zona alta del isquiotibial. “Precaución”, fue el mensaje oficial. El propio Rice se apresuró a asegurar que estará disponible ante Ghana. Pero el aviso ya está lanzado.

¿Qué pasa si esa molestia va a más?

Un plan sin clon para el número 6

El dato es elocuente: Inglaterra casi nunca ha ofrecido su mejor versión en estos últimos seis años cuando Rice no ha estado. Y en esta lista de 23 no hay nadie que se le parezca de verdad.

Tuchel lo admitió sin dramatismos, pero con sinceridad, al analizar su actuación ante Croacia: “Declan tuvo pérdidas de balón inusuales”. Traducido: jugó lejos de su nivel habitual. Y ni siquiera así el seleccionador quiere imaginar un once sin él.

Las alternativas son parciales. Kobbie Mainoo deslumbra con balón, pero todavía no tiene el físico, la presencia aérea ni la capacidad en jugadas a balón parado de Rice. Jordan Henderson aporta experiencia y liderazgo, aunque a sus 36 años Tuchel ni siquiera recurrió a él cuando el partido ante Croacia se desbocó y pedía ritmo alto.

No hay una respuesta evidente. Y eso, en un torneo corto, inquieta.

Bellingham, el experimento que duró ocho minutos

La primera reacción de Tuchel al perder a Rice fue retrasar a Jude Bellingham. Sobre el papel, una solución lógica: un futbolista total, capaz de abarcar campo y dar salida limpia. Sobre el césped, otra historia.

Inglaterra perdió mordiente arriba y no ganó seguridad atrás. Croacia olió sangre y estuvo cerca del empate. El ensayo duró ocho minutos. Ni uno más.

El giro llegó con la entrada de Djed Spence por Bellingham. Ese simple movimiento liberó a Reece James del lateral derecho y le permitió ocupar una zona que conoce mejor de lo que muchos recuerdan: el centro del campo.

Ahí, entre líneas y choques, apareció una vía real para imaginar a Inglaterra sin Rice… o, al menos, con un Rice más dosificado.

Reece James, el comodín que Tuchel ya no discute

La idea no nace de la nada. James ya había jugado en el centro del campo en su cesión al Wigan en la temporada 2018-19. Su carrera, sin embargo, se ha construido desde el lateral derecho, primero como lateral clásico, después como carrilero.

El giro definitivo llegó con Enzo Maresca en el banquillo de Chelsea. En sus 18 meses al mando, el técnico apostó por adelantar a James hacia dentro. Al principio, la decisión generó dudas. Con el tiempo, se convirtió en una de las claves de un equipo que terminó levantando el Mundial de Clubes ante Paris Saint-Germain. James firmó una actuación sobresaliente en aquella final.

Tuchel, que lo había dirigido en Chelsea, fue de los primeros escépticos. En su libreta, James era un lateral de élite, no un mediocentro. Hoy, su discurso ha cambiado. El alemán entiende ya el razonamiento de Maresca: James ofrece físico, lectura táctica, agresividad en el robo y una gama de pases más que respetable.

Lo demostró cuando formó pareja con Moisés Caicedo en la medular en la contundente victoria 3-0 de Chelsea sobre Barcelona el pasado noviembre. Cinco días después, dominó a Rice en Stamford Bridge en un duelo directo ante Arsenal. No fue una casualidad, sino una tendencia.

Tuchel lo dejó claro cuando anunció su lista mundialista y justificó las ausencias de Adam Wharton y Alex Scott: “Reece James puede jugar de 6 porque lo hace a un nivel alto en Chelsea”. Esa frase no era un recurso de rueda de prensa; era un plan.

Versatilidad… y un riesgo que no desaparece

La convocatoria de Inglaterra está construida alrededor de esa versatilidad. Si James abandona el lateral, Tuchel tiene piezas para recomponer la zaga. Djed Spence, Ezri Konsa y Jarell Quansah pueden ocupar el costado derecho.

Una de las variantes que baraja el cuerpo técnico pasa por un lateral “asimétrico”: Konsa actuando casi como tercer central junto a John Stones y Marc Guéhi, con Nico O’Reilly liberado para volar desde el lateral izquierdo. James, por dentro, como ancla y lanzador.

Sobre el papel, la estructura sostiene al equipo. El problema es la palabra que acompaña siempre a Reece James: lesiones. Su historial de problemas en los isquiotibiales es largo. El último episodio, en marzo, le dejó casi dos meses fuera de combate en Chelsea. El club londinense ha aprendido a manejarle con cuidado, a medir minutos, a no forzar.

Para Inglaterra es una complicación añadida. Tino Livramento ya cayó por una lesión en la pantorrilla y obligó a Tuchel a llamar de urgencia a Trevoh Chalobah. La temporada ha sido extenuante para buena parte de la plantilla.

James es el lateral derecho titular, pero no puede jugarlo todo. Y si encima debe cargar con el peso del mediocentro cuando Rice no esté al cien por cien, el riesgo se dispara.

Un Mundial contra el reloj físico

Tuchel llegó a este Mundial con la preocupación de fondo marcada a fuego: el estado físico de sus hombres clave. De ahí la decisión de volar pronto a Florida para un campamento previo bajo el sol, centrado en afinar la condición.

Rice se incorporó más tarde, después de disputar la final de la Champions League con Arsenal. No levantó el pie. Nunca lo hace. Siempre al límite, siempre disponible. La pregunta es cuánto tiempo más puede sostener ese nivel de exigencia sin pagar la factura.

Si Inglaterra alcanza la final y Rice no descansa, cerrará la temporada con 70 partidos entre club y selección. Setenta. En una era de ritmos salvajes, la cifra roza lo descomunal.

Tuchel necesita a su vicecapitán en el campo, pero también necesita que llegue vivo a las noches decisivas. Entre mantener al “fenómeno” siempre sobre el césped o atreverse a protegerlo con planes alternativos, se juega buena parte del destino de Inglaterra en este Mundial.