Logotipo completo Alargue Final

La Juventus se desploma al final: Vicario estalla

La Juventus creyó haber escapado con un punto. Dos veces se levantó, dos veces igualó el marcador. Y, sin embargo, en el último suspiro lo tiró todo por la borda. Una desatención táctica clamorosa en el descuento permitió a Vasilije Adzic firmar el gol de la victoria para los locales y desató la furia de Guglielmo Vicario.

El guardameta, cedido por Tottenham y uno de los más fiables del equipo en este arranque de etapa, explotó en cuanto sonó el pitido final. Se le vio gritar a su defensa, brazos abiertos, gesto de incredulidad. No era solo rabia por el resultado. Era la sensación de haber regalado un partido que ya tenían sujeto.

Una defensa en ruinas

El encuentro fue una pesadilla defensiva para los bianconeri. El fuera de juego, teóricamente su escudo, se convirtió en una trampa propia. La línea alta saltó por los aires una y otra vez, descoordinada, sin comunicación, dejando huecos que Sassuolo castigó con crueldad.

Sebastiano Esposito y Kieron Bowie aprovecharon esas grietas para adelantar dos veces a los locales. Dos golpes que expusieron todas las carencias de una zaga que nunca encontró sincronía. La Juventus jugó al límite… sin control.

En ataque, la reacción llegó gracias a la inspiración individual. Edon Zhegrova, prácticamente por sí solo, sostuvo al equipo con dos acciones de pura clase. Dos goles que devolvieron vida a un conjunto que, colectivamente, seguía temblando atrás. La brillantez del kosovar maquilló el caos, pero no lo borró.

Y al final, el castigo. La incapacidad para cerrar el área propia terminó siendo mortal.

Vicario, sin filtros

Vicario no se escondió. Ante las cámaras de DAZN, el portero fue directo al corazón del problema: la cabeza, no las piernas.

“Hay una gran amargura, porque entiendo el deseo de ir a ganar el partido, porque somos Juventus y es nuestra obligación apuntar a la victoria siempre, pero perdimos el equilibrio y hablamos de esto toda la semana”, explicó el guardameta de 29 años.

No hablaba de detalles menores. Hablaba exactamente de las situaciones que habían trabajado para evitar… y que volvieron a repetirse.

“Juventus no puede encajar dos goles así. Este es un club con una historia gloriosa y no podemos permitir goles de ese tipo. Necesitamos estar más tranquilos y equilibrados, porque tenemos un equipo lleno de calidad y seremos capaces de crear ocasiones”, añadió, subrayando la distancia entre el potencial del grupo y su gestión real de los partidos.

Sin excusas pese al golpe de Locatelli

El contexto no ayuda. La Juventus atraviesa un tramo complicado, con varios jugadores importantes fuera de combate. El golpe más duro, la baja de su capitán Manuel Locatelli. El centrocampista estará entre cuatro y seis meses de baja tras ser operado del menisco, un vacío enorme en el corazón del equipo.

Era fácil refugiarse en esa coartada. Vicario se negó.

“Estamos tristes por perder a Manuel, pero es una lesión de larga duración y tenemos jugadores de calidad en la plantilla. No podemos seguir buscando excusas”, sentenció.

El mensaje fue claro: la ausencia del líder no justifica la falta de orden ni los apagones mentales en los minutos clave.

De héroes a culpables en una semana

El golpe duele más por el contraste con lo vivido hace solo unos días. La semana anterior, la Juventus había salido viva en circunstancias parecidas: un gol tardío de Federico Gatti desde el banquillo rescató un 1-1 ante Milan y alimentó la sensación de un equipo que sabía sufrir hasta el final.

Esta vez, la historia se escribió al revés. En lugar de golpear al límite, fue la Juventus la que se desangró en el cierre.

Preguntado por el estado anímico del vestuario, Vicario no dudó: conviven la rabia y el arrepentimiento. Y las dos, a máxima intensidad. El portero insistió en que un club de la talla de la Juventus tiene la obligación de saber manejar los momentos calientes, sobre todo cuando ha hecho lo más difícil: volver al partido.

“En mi opinión, sentimos ambas cosas, porque habíamos logrado cambiar la dinámica a nuestro favor. Debemos ser capaces de controlar mejor estos momentos del partido, porque tenemos la calidad”, remarcó.

La calidad está. Las ocasiones llegan. Pero mientras la Juventus siga olvidando cómo cerrar su propia área en los segundos finales, cada ventaja, cada remontada y cada punto sudado seguirá pendiendo de un hilo. Y en un club que se mide por títulos, no por excusas, la paciencia con estos derrumbes tiene fecha de caducidad.