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Leroy Sané bajo presión en Galatasaray tras derrota ante Barcelona

En Estambul, los focos apuntan a Leroy Sané. Y no precisamente por sus goles.

El alemán saltó al campo con el marcador ya 1-3 ante Barcelona, cuando el partido se le escapaba de las manos a Galatasaray. Entró para intentar encender una reacción y lo que encontró fue un coro de silbidos. Cada pase errado, cada decisión imprecisa, amplificó el malestar de una grada cansada de esperar una versión determinante de un jugador al que consideran estrella.

Galatasaray había golpeado primero. Contra pronóstico, el conjunto turco se adelantó en la primera parte pese a que el equipo catalán manejaba la pelota y el ritmo. El estadio rugía. Poco después llegó el posible 2-0, anulado, que habría cambiado el guion de la noche. Ese fue el punto de inflexión. Desde ahí, Barça se asentó, apretó el acelerador y dio la vuelta al duelo hasta firmar un 1-4 cómodo en el marcador y demoledor en lo anímico.

En medio de ese derrumbe colectivo apareció Sané, sin chispa y sin acierto. Varias pérdidas de balón encendieron la mecha en la grada. Los aficionados, ya irritados por el inicio de temporada europeo, descargaron su frustración sobre el internacional alemán. Los abucheos no se dirigían solo al partido contra Barcelona; arrastraban cuentas pendientes.

Okan Buruk, sin embargo, salió en defensa de su jugador. Tras el encuentro, el técnico de Galatasaray fue claro al contextualizar la actuación del extremo: recordó que Sané entró cuando el equipo ya estaba 1-3 abajo y en plena caída. Para el entrenador, usar este choque como referencia para medir al futbolista sería injusto. En su lectura, la fase del partido en la que participó el alemán fue la del colapso general, no la de la disputa real del resultado.

El problema va más allá de una noche negra en Champions League. La paciencia del público con Sané viene erosionada desde la temporada pasada. Parte de la hinchada nunca quedó satisfecha con su impacto y la nueva campaña no ha hecho más que profundizar esa sensación. Tras ocho partidos oficiales, el extremo sigue sin estrenar su casillero de goles ni asistencias. Cero participación directa en tantos. Ese dato pesa. Para muchos en la grada, ahí está el verdadero motivo del enfado, más que su incapacidad de cambiar el rumbo ante Barcelona.

En televisión, las críticas fueron igual de duras. El exjugador Sinan Engin no se guardó nada. Cuestionó abiertamente el rol del alemán en el equipo, subrayando la paradoja de ver a un futbolista de perfil mundial sentado en el banquillo mientras Yunus Akgün ocupa su lugar en el once. Su mensaje fue tajante: un jugador de su categoría no puede resignarse a ser suplente en noches grandes. Engin también justificó la reacción de los aficionados, recordando que perder en casa alimenta la rabia y que el público de Galatasaray rara vez disimula su descontento.

Las acusaciones más incisivas llegaron de otro exinternacional, Tümer Metin. Su dardo no fue técnico, sino emocional. Señaló a Sané por falta de entusiasmo y esfuerzo. En su análisis, el problema no es solo lo que el alemán hace con el balón, sino lo que deja de hacer sin él: la intensidad, las carreras, la sensación de compromiso. Metin fue tan lejos como para decir que, si compartiera vestuario con él, le encararía directamente para preguntarle si realmente quiere ayudar al equipo mientras el resto termina extenuado de correr.

El telón de fondo es un arranque europeo decepcionante. Antes del golpe recibido ante Barcelona, el equipo de Okan Buruk ya había caído 1-3 en Lisboa frente a Sporting en la primera jornada de la fase de grupos. Dos partidos, dos derrotas contundentes, demasiadas dudas. En ese contexto, cada figura señalada se convierte en símbolo de algo mayor: la falta de respuesta competitiva, la distancia entre las expectativas del club y la realidad del césped.

Hoy, el nombre en el centro de la tormenta es Leroy Sané. Lo acusan de apatía, de no poner toda la energía, de no estar a la altura del estatus que le precede. El entrenador pide calma y perspectiva. La grada, en cambio, exige hechos, no explicaciones. Y mientras Galatasaray se complica la vida en la Champions League, la pregunta ya no es solo si el equipo reaccionará, sino si el alemán será capaz de cambiar la narrativa o quedará marcado en Estambul como la estrella que nunca terminó de encenderse.

Leroy Sané bajo presión en Galatasaray tras derrota ante Barcelona