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Neymar decide el partido para Santos

El viejo 10 de Santos sigue decidiendo partidos. Y lo hizo en el momento en que más lo necesitaba el club.

En un clima de olla a presión por una racha de siete encuentros sin ganar en el Brasileirao, Neymar asumió el foco, pidió la pelota y firmó una actuación que mezcló precisión quirúrgica y liderazgo ofensivo para tumbar a Bragantino y devolverle oxígeno a Vila Belmiro.

Un gol de autor en el descuento

El primer golpe llegó cuando el reloj ya rozaba el descanso. Santos sufría, la ansiedad se palpaba en las gradas y el 0-0 empezaba a pesar. Entonces apareció el guion de siempre.

Neymar arrancó abierto por la izquierda, encaró hacia dentro con esa zancada corta y venenosa, combinó en una pared limpia con un compañero y, ya dentro del área, colocó el remate con calma, guiando el balón al palo largo, lejos del alcance del portero. Simple en apariencia, demoledor en ejecución.

Fue un gol que no solo abrió el marcador. Recordó a todos por qué, a los 34 años, sigue siendo el gran tótem de la cultura futbolística brasileña. Cuando la pelota quema, él la pide. Y decide.

El sello en la jugada preparada

La ventaja alivió a Santos, pero no apagó a Neymar. Con el partido entrando en su tramo final, su influencia se trasladó a la pizarra.

Minuto 75. Balón parado. El estadio contenía la respiración. Neymar se plantó frente a la pelota y ejecutó una jugada ensayada con malicia: servicio inteligente, movimiento sincronizado en el área y aparición de Adonis Frias, que atacó el envío y definió con contundencia para el 2-0 que dejó a Bragantino sin respuesta.

El gol llevó la firma colectiva del equipo, pero la mente detrás de la acción fue la del 10. En noches así, todo pasa por sus botas.

Estadísticas de un líder

Más allá de los destellos, los números respaldan la sensación de dominio. Neymar cerró su actuación con tres remates, un pase clave, siete conducciones progresivas y seis duelos ganados en el suelo. Participó en todas las fases del juego: bajó a recibir, aceleró transiciones, forzó faltas y fijó defensores.

Cuando el técnico decidió reemplazarlo en el minuto 82 para dar entrada a Gabriel Barbosa, el trabajo ya estaba hecho. El resultado, encarrilado. La racha, rota.

Una ovación con mensaje

Su salida dejó una de esas imágenes que trascienden el marcador. Todo el estadio se puso en pie. Aplausos largos, camisetas en alto, gritos de su nombre. No era solo gratitud por la victoria. Era un respaldo explícito a un futbolista que se resiste a salir del gran escaparate.

La ovación sonó a plebiscito popular en un momento clave de su carrera. Neymar quiere abrirse paso de nuevo en la selección de cara al Mundial de 2026. Y noches como esta alimentan ese argumento con hechos, no con nostalgia.

Con tres puntos que alivian la tabla y el ánimo, Santos mira ahora a un calendario apretado: doble enfrentamiento contra Coritiba y un choque continental ante San Lorenzo. Si el 10 mantiene este nivel, la pregunta ya no es si todavía puede decidir partidos.

La pregunta es cuántos más está dispuesto a decidir.