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La nueva casa del campeón: Manchester City y su impacto en el fútbol femenino

En el campus de Manchester City, todo parece familiar: los mismos campos, el mismo horizonte celeste, el mismo flujo de jugadores y técnicos. Pero, a un lado, hay un edificio que cambia el guion. Es la nueva casa del equipo femenino, un espacio hecho a su medida, separado al fin de la academia, pero todavía pegado al corazón del club.

Han tardado casi cuatro años en verlo levantarse. Hace apenas unas semanas que el equipo se mudó. Y ya se siente como algo mucho más grande que un simple cambio de vestuario.

Un edificio pensado solo para ellas

Las actuales campeonas de la WSL estrenan un centro que responde a una idea clara: profesionalizar cada detalle alrededor del equipo femenino. Tienen áreas propias de medicina, rehabilitación, fisioterapia, hidroterapia y recuperación. Tienen chefs y nutricionistas dedicados exclusivamente a ellas. Ya no comparten espacios con los chicos de la academia; ahora mandan en su propia casa.

Las jugadoras y el cuerpo técnico no se han limitado a estrenar el edificio: lo han moldeado. Han opinado, han decidido, han dejado su huella. La centrocampista Laura Coombs, por ejemplo, tuvo un papel clave en el diseño interior. En el vestuario circular, que replica el del Etihad Stadium, las futbolistas eligieron hasta cómo aparecen sus nombres en las taquillas. No es un capricho estético: es una declaración de identidad y de conexión de grupo.

Alex Greenwood lo resume con una mezcla de orgullo y asombro. “Me encanta este edificio. Me encanta llegar a las puertas cada mañana”, confesó ante los medios. No es una jugadora cualquiera: más de 100 internacionalidades con Inglaterra, experiencia en el gigante europeo Lyon, 32 años y una carrera que ha visto de todo. “Para un equipo femenino específicamente, sí, sin duda es el mejor. En Inglaterra tenemos St George’s Park, que es increíble. En Lyon teníamos una instalación que estaba bien, cumplía. Pero nada se acerca a esto. Es el mejor porque es específicamente para nosotras, en todos los sentidos”.

La diferencia está en los detalles… y en el plato

En un complejo tan completo, cuesta elegir un punto fuerte. Greenwood lo tiene claro: la nutrición. No es solo el qué comen, sino el control total sobre todo el proceso.

“Aquí controlamos completamente todo lo que hacemos, la comida, el gimnasio, es todo nuestro”, explicó. “En nuestro equipo hay muchas nacionalidades, con gustos muy diferentes, y podemos adaptarnos a todas”.

La directora de servicios de rendimiento, Emma Deakin, conoce bien el antes y el después. Antes, compartían base con los chicos de la academia. Ahora, el enfoque es otro. “Allí las necesidades son diferentes y tienes a 200 chicos, de 14 a 19 años, a los que alimentar”, recordó. “El paladar también es distinto. Aquí podemos ser realmente específicos: ¿cómo es la carga previa a un partido si eres una jugadora japonesa, jamaicana, brasileña? Podemos ajustarnos a los gustos de las chicas, saber qué quieren comer y cómo deben alimentarse”.

Es un cambio silencioso, casi invisible desde la grada, pero decisivo en el día a día de un equipo que aspira a dominar.

El corazón del proyecto: conexión constante

Para el entrenador, Andrée Jeglertz, la gran victoria no está solo en las máquinas del gimnasio ni en las piscinas de recuperación. Está en cómo el edificio obliga a cruzarse, a hablar, a convivir.

“Ahora no necesitas reservar una reunión”, explicó. “Puedes cruzarte con todo el mundo todo el tiempo, bajar al gimnasio cuando quieras. Si necesitas hablar con una jugadora, la puedes agarrar en el almuerzo. La conexión es la clave”.

Lo dijo desde uno de los espacios más singulares del edificio: el lounge. Un salón informal en apariencia, con sofás y ambiente relajado, pero que por momentos se convierte en sala de mando. Allí las jugadoras descansan, charlan, desconectan. Allí mismo, cinco minutos después, el técnico dirige el análisis táctico del próximo rival.

Fue en ese mismo lugar donde la plantilla se sentó junta a ver el 1-1 entre Arsenal y Brighton el pasado miércoles, el resultado que confirmó matemáticamente su título de liga. Un salón, una pantalla, un grupo de jugadoras viendo cómo se certifica un campeonato que ya sentían suyo.

“¿No es genial?”, apuntó Jeglertz. “Que puedas pasar de un ambiente relajado a un análisis táctico afilado sobre Chelsea en cinco minutos. Por eso, para mí, esta sala es el corazón. Aquí hablamos de conexiones, de evaluación táctica, donde podemos ser francos y honestos entre nosotros, y al mismo tiempo, un par de minutos después, para las jugadoras es una zona libre, sin hablar con los entrenadores”.

En un club que presume de estructura, el City femenino ha encontrado algo más que un edificio: ha encontrado un centro neurálgico.

El fin de la era Chelsea… ¿y el inicio de otra?

Todo esto llega en un momento simbólico. Chelsea había encadenado seis títulos seguidos de la WSL. Dominio absoluto. Ese ciclo se rompió este año. City ha destronado al gigante londinense y no quiere que sea un accidente aislado, sino el primer capítulo de su propia hegemonía.

El mensaje se refuerza sobre el césped. El domingo, City eliminó a Chelsea en semifinales de la FA Cup. Otro golpe directo al antiguo campeón, que también perderá ese trono tras haber ganado cuatro de las últimas cinco ediciones. Ahora, las de Manchester parten como grandes favoritas para levantar el trofeo en Wembley, donde se medirán a Brighton a finales de mes.

El contexto es claro: nuevo título de liga, final de copa a la vista, instalaciones de élite diseñadas para sostener ese nivel. El club no esconde sus intenciones.

La incógnita Bunny Shaw

No todo son certezas. En medio de este impulso, planea una duda mayúscula: el futuro de Khadija “Bunny” Shaw. Para muchos, la mejor delantera centro del mundo en este momento. Termina contrato este verano y los informes la vinculan con una salida libre, con Chelsea como principal candidato para ficharla.

Greenwood, que comparte taquilla con ella en el vestuario —la única excepción al orden numérico—, no esconde lo que siente. “Me encantaría que Bunny se quedara en este club para siempre”, dijo. “Es una persona increíble. La quiero muchísimo y espero estar celebrando con ella durante muchos años”.

El deseo está claro. La realidad del mercado, no tanto.

Jeglertz, sin embargo, mantiene el foco en el conjunto. El fin de semana expresó su confianza en que, llegue julio, tendrá un equipo capaz de pelear por el título, con Shaw o sin ella. No es un brindis al sol: es la línea oficial de un club que se ve preparado para sostener el éxito más allá de un solo nombre.

Charlotte O’Neill, directora general del City, lo resumió con una frase que encaja con cada ladrillo de la nueva sede. “Estamos intentando construir la máquina ganadora”, afirmó. “Si miras esta instalación, te dice lo que City Football Group piensa del fútbol femenino y de este equipo”.

El edificio ya está en pie. El título ya está en las vitrinas. La final de Wembley espera. La pregunta, ahora, no es qué ha hecho este City. Es cuánto tiempo podrá mantener esta máquina ganadora a pleno rendimiento.

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