Paul Scholes y el dilema de Cristiano Ronaldo en Portugal
La noche en Houston debía ser un trámite para una Portugal rebosante de talento, campeona de la Nations League 2025 y señalada como candidata seria al título junto a Francia, España, Inglaterra y la vigente campeona, Argentina. Empezó como manda el guion: gol tempranero de Joao Neves en el minuto seis, dominio claro, sensación de control absoluto ante DR Congo.
Y, sin embargo, el partido se fue torciendo. Lentamente. Silenciosamente.
DR Congo aguantó, sufrió y esperó su momento. Justo antes del descanso, Yoane Wissa, delantero del Newcastle, castigó a la contra y empató contra toda lógica. El golpe cambió el tono del encuentro. Portugal siguió mandando en la posesión, pero ya sin filo, sin colmillo, sin la sensación de que el gol llegaría por pura insistencia.
En medio de ese bloqueo apareció, o mejor dicho, no apareció, el nombre que siempre lo eclipsa todo: Cristiano Ronaldo.
Un capitán sin impacto
La estadística de la primera parte fue demoledora para Cristiano: ni una ocasión creada, ningún disparo, ningún regate exitoso, ningún duelo ganado. Para un futbolista que ha construido su carrera a base de decidir noches grandes, la imagen resultó chocante. Para muchos, preocupante.
Pese a ello, Roberto Martinez no tocó a su capitán. Mantuvo a Ronaldo sobre el césped hasta el pitido final. Quienes salieron fueron otros: Pedro Neto, Vitinha, Bernardo Silva, Tomas Araujo, Nuno Mendes. Todos rotaron. Todos menos él.
Ahí entra la voz de Paul Scholes.
El excentrocampista del Manchester United y de la selección inglesa, que compartió vestuario con Cristiano durante seis años en Old Trafford, no se anduvo con rodeos en el podcast The Good, The Bad & The Football. Para Scholes, la situación es clara: a los 41 años, Ronaldo se ha convertido en un “problema” para Portugal.
“A esa edad solo puedes ser portero”
Scholes relató incluso una conversación previa, fuera de cámaras, con el propio Roberto Martinez durante una sesión de Stick to Football. La pregunta fue directa: “¿Es un problema para ti?”. El exfutbolista inglés lo tiene claro: lo ve como una preocupación evidente.
Su argumento es tan simple como contundente: con 41 años, solo hay una posición en la que se puede justificar la titularidad de un jugador a ese nivel: la portería. En el resto del campo, y especialmente en la punta del ataque, el físico manda.
Scholes reconoce que Cristiano seguirá marcando goles y que juega en una selección que monopoliza el balón. Pero avisa: no todos los partidos serán de ataque posicional. Habrá duelos de ida y vuelta, de transiciones rápidas, de correr hacia adelante y hacia atrás. Ahí, dice, el movimiento de un delantero de 41 años se convierte en un lastre.
Un lujo… desde el banquillo
La paradoja para Portugal es evidente. Scholes lo subraya: el equipo no cuenta con un “nueve” absolutamente diferencial que facilite la decisión de sentar a Cristiano. “Tienes que tener a alguien que corra”, apunta. Y esa figura, hoy, no está tan clara.
Por eso propone un rol distinto para el cinco veces Balón de Oro: un arma para el tramo final. “Para mí, tiene que ser un jugador para los últimos 15 minutos”, sostiene. Un recurso devastador cuando las defensas están cansadas, cuando el partido pide un rematador en el área, no un delantero que presione y corra sin descanso.
Para Scholes, ver a un futbolista de 40 o 41 años como referencia ofensiva desde el inicio simplemente “no tiene sentido”. Acepta que en el centro de la defensa puede haber excepciones, en equipos que protegen bien el balón, y, por supuesto, bajo palos. Pero como delantero centro, a ese nivel, le parece una anomalía.
No es un ataque aislado a la edad. El inglés recordó también el caso de Luka Modric, que con 40 años sigue en el corazón del centro del campo de Croacia. Otra posición, otro contexto… y, aun así, otro ejemplo de hasta qué punto se estira la cuerda con las leyendas.
El peso de Messi y Mbappé
Scholes fue más allá y se adentró en el terreno emocional. Imaginó el impacto que tienen en Cristiano las actuaciones de sus grandes rivales generacionales. “Cristiano estará furioso porque Lionel Messi hizo un hat-trick, Kylian Mbappé marcó dos… le estará matando por dentro”, afirmó.
La comparación eterna, la carrera que nunca termina. Aunque las cifras y los títulos ya están escritos, cada partido parece una nueva página en ese duelo silencioso. Y cada noche discreta de Cristiano, como la de Houston, alimenta la sensación de que el tiempo ya juega abiertamente en su contra.
Martinez, atrapado entre el mito y el equipo
En el fondo del análisis de Scholes hay una figura que queda atrapada: Roberto Martinez. El técnico español ha abrazado públicamente el discurso de que tiene “al mejor goleador del mundo”. Sabe lo que representa Cristiano en el vestuario, en la grada, en el país.
Scholes, sin embargo, sospecha que el seleccionador vive una batalla interna. Entre lo que dice y lo que ve. Entre la leyenda y el rendimiento. Entre lo que significa dejar a Ronaldo en el banquillo y lo que necesita el equipo para competir al máximo nivel.
Portugal salió de Houston con un empate que sabe a poco y con una pregunta incómoda instalada en el debate: ¿hasta cuándo puede seguir siendo intocable Cristiano Ronaldo sin que lo pague el colectivo?






