Pochettino arriesga y Turquía rompe el invicto de EE.UU.
Pochettino se la juega, Turquía castiga en el último suspiro y corta el invicto de EE.UU.
Mauricio Pochettino ha convertido lo insólito en rutina desde que tomó las riendas de la selección hace 18 meses. Ha roto jerarquías, ha tocado el tablero táctico sin miedo y ha repetido una pregunta a su vestuario hasta convertirla en mantra: ¿por qué no soñar con llegar lejos en este Mundial?
En San Francisco, por primera vez, su desafío al guion se le volvió en contra. Un gol de Kaan Ayhan en el descuento le dio a Turquía un 3-2 dramático y tumbó el arranque perfecto de Estados Unidos.
Rotación masiva y un dado que esta vez salió cruz
Con el pase a octavos ya asegurado, Pochettino decidió vaciar el banquillo ante una Turquía eliminada pero orgullosa. Nueve cambios de golpe en el once para el cierre del grupo. Veintiún futbolistas titulares distintos en la primera fase. Un experimento llevado al extremo.
Esta vez, el riesgo se pagó caro. Turquía se marchó del torneo con su única victoria… en la última acción de su Mundial.
El técnico, sin embargo, no se movió un milímetro de su discurso. El objetivo, recordó, estaba cumplido: terminar primeros de grupo. Y lo lograron. El miércoles, en Santa Clara, llegará el verdadero examen: Bosnia and Herzegovina, tercera del Grupo B, en el primer duelo a vida o muerte para una selección estadounidense que cierra la fase con balance 2-1-0 y la incógnita de si este golpe afectará a la inercia creada ante Paraguay y Australia.
Pochettino asegura que no.
Su apuesta por las rotaciones fue histórica: ningún seleccionador estadounidense había cambiado tanto de un partido a otro en un Mundial. Con la entrada de Alejandro Zendejas en el minuto 76, se apuntó otro récord: 23 jugadores utilizados en la fase de grupos.
Dentro del vestuario, el mensaje fue similar. Para Sebastian Berhalter, autor de un gol y una asistencia en su primera titularidad mundialista, haber dado minutos a casi todos fortalece al grupo de cara a los cruces.
Un arranque de guion perfecto… que se deshace
Durante unos minutos, Pochettino volvió a parecer un genio. Apenas habían pasado tres minutos cuando Auston Trusty, otro titular sorpresa, adelantó a Estados Unidos. Córner largo de Berhalter, también debutante en el once, al segundo palo. Trusty la mató con el primer toque y, con el segundo, soltó un zurdazo seco desde el borde del área pequeña que se coló entre Ugurcan Cakir y su palo corto.
Segundo gol más rápido de la historia de Estados Unidos en un Mundial. Ventaja temprana. Plan aparentemente bajo control.
Duró siete minutos.
En el 10, Arda Guler, centrocampista del Real Madrid, se despegó de la marca de Mark McKenzie, atacó el pase filtrado de Kenan Yildiz a la altura del punto de penalti y picó un zurdazo por encima de Matt Turner. Primer disparo que recibía el portero en todo el torneo. Primer gol encajado. Primera vez que esta selección perdía una ventaja en el Mundial.
El segundo golpe llegó media hora después. Eren Elmali apareció por la izquierda, sirvió un balón tenso al corazón del área y Orkun Kokcu, solo en el borde del área pequeña, desvió la pelota a la red. Minuto 31. Primer marcador adverso para Estados Unidos en la competición.
La rotación empezaba a mostrar grietas.
Berhalter levanta al equipo, Pulisic enciende la banda… y Ayhan sentencia
Estados Unidos reaccionó tras el descanso. Otra vez a balón parado. En el minuto 49, un rechace cayó suelto en la frontal. Allí esperaba Berhalter, omnipresente, con tiempo y espacio. Control mental, golpeo limpio con la diestra, balón raso ajustado al palo. Empate y sensación de que el grupo encontraba de nuevo su pulso.
El mediocampista lo explicó con sencillez: la pelota apareció, él mantuvo la calma y confió en un gesto que ha repetido mil veces en los entrenamientos.
Diez minutos después, Pochettino subió la apuesta. Christian Pulisic, renqueante de un problema en la pantorrilla izquierda, pisó el césped por primera vez desde la primera parte del debut. Su impacto fue inmediato. Tres jugadas peligrosas por la banda izquierda, uno contra uno, diagonales, centros venenosos.
Faltó lo esencial: el gol.
La falta de colmillo en esos minutos de dominio terminó siendo letal. Con el tiempo casi cumplido, en una jugada embarullada en el área, Kaan Ayhan encontró un resquicio donde no parecía haber ninguno. Rodeado por tres defensores estadounidenses, se impuso en el caos y empujó el 3-2 en un área convertida en selva.
Golpe frío. Partido perdido en la última jugada. Invicto roto.
Un grupo tocado, pero no hundido
Brenden Aaronson lo resumió desde la mezcla de frustración y ambición que define a este equipo. Querían completar la fase de grupos sin derrotas. No lo lograron. Pero la sensación interna es que el camino hasta aquí ha sido sólido, que la actuación global en el grupo ha estado a la altura.
Hay algo más profundo en juego. Para muchos de estos futbolistas, este Mundial en casa roza lo sentimental. Varios han cumplido el sueño de debutar en la gran cita, con familia y amigos en la grada. Berhalter lo dejó claro: jugar un Mundial en tu país, o simplemente jugar un Mundial, es el sueño de cualquier niño en Estados Unidos.
Turquía, por su parte, se despidió del torneo con orgullo herido y dientes apretados. Fuera desde la segunda jornada, sin nada que perder, se dedicó a un partido duro, cortado, con fricciones desde el inicio. Encontró premio en la última pelota.
Para Estados Unidos, el verdadero veredicto de la noche no llegará hasta dentro de unos días. Entonces se sabrá si este golpe en el cierre del grupo fue un simple tropiezo estadístico… o la primera grieta seria en el sueño de hacer algo grande en casa ante Bosnia and Herzegovina.





