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Thierno Barry brilla en su debut con Everton en la Premier League

Quince minutos para el final, debut liguero en casa y una última ovación que sonó a reconciliación. El Hill Dickinson Stadium se levantó cuando por megafonía anunciaron que el héroe de la tarde, Thierno Barry, dejaba el césped para dar entrada a Beto. El francés, 23 años, caminó despacio. Miró a la grada azul, levantó la cabeza y se dejó envolver por un aplauso que hace unos meses habría parecido impensable.

Su gol había decidido el estreno de Everton en la Premier League ante Crystal Palace. Y no solo eso: había cambiado el tono de la conversación en torno a su figura.

De la sequía al alivio

El momento clave llegó al inicio de la segunda parte. Iliman Ndiaye atacó el costado, levantó la vista y puso un centro medido. Barry apareció donde debe aparecer un ‘9’ que se toma en serio su oficio: dentro del área, en el sitio exacto, en el segundo palo. Conectó de cabeza, firmó el 2-0 y prácticamente enterró cualquier opción de reacción de Palace.

Sonrió. Se desató el grito de la grada. Una escena muy distinta a la de finales del año pasado, cuando arrastraba una racha de 14 partidos sin marcar tras llegar desde Villarreal por 27 millones de libras. El precio, el contexto del club, la ansiedad por un referente arriba… todo pesaba.

David Moyes, que conoce bien lo que es moldear delanteros jóvenes, fue claro tras el partido:

—Mira, a los delanteros se les juzga por los goles, así que puede irse a casa muy contento —admitió el técnico—. Pero sería injusto no mencionar la calidad del centro de Ndiaye. Que Thierno llegue al lugar adecuado es enorme, y que marque de cabeza en un momento tan importante del partido ha sido muy grande para nosotros.

El escocés celebró el gol, pero no se dejó llevar por la euforia. Ni con el equipo ni con su punta.

Un proyecto en reconstrucción

Cuando Barry aterrizó en Goodison el verano pasado, Everton era un club que intentaba mirar hacia adelante después de demasiados años mirando hacia abajo. Venía de una sucesión de entrenadores, todos marcados por la misma palabra: permanencia. A eso se sumaba una sanción de puntos por incumplir las Profit and Sustainability Rules de la Premier League.

Con ese escenario, Moyes y su equipo de reclutamiento sabían que no podían competir por un delantero hecho y derecho, de rendimiento inmediato. Tenían que apostar. Barry, con 11 goles en La Liga, encajaba en ese perfil: potencial, margen de mejora, tiempo por delante.

El problema es que el tiempo, en la grada, se agota rápido. A mitad de curso, el francés solo sumaba un tanto en 18 apariciones ligueras. La paciencia empezó a resquebrajarse. Murmullos, cejas levantadas, comparaciones incómodas.

Y entonces llegó enero.

El despertar de Barry

A partir del cambio de año, la temporada de Barry se encendió. Cerró su primera campaña en la Premier con ocho goles en 38 partidos. No es una cifra deslumbrante sobre el papel, pero el contexto la eleva.

La mitad de esos tantos llegaron después de que Jack Grealish, el gran generador de juego del equipo, sufriera una lesión que le dejó fuera hasta final de temporada. En el tramo decisivo, mientras algunos compañeros bajaban el nivel con la presión de pelear por plazas europeas, Barry subió una marcha.

Las cifras respaldan la sensación: ocho goles con un xG de 8,1 y una tasa de conversión del 21,1%. Muy cerca del 21,4% de Erling Haaland. Datos que hablan de un delantero que, cuando tiene la ocasión, suele elegir bien.

Moyes aprieta el listón

Pese al gol decisivo ante Palace y al ambiente festivo en el Hill Dickinson Stadium, Moyes no se dejó arrastrar por el entusiasmo al analizar el partido. Hubo cosas que le molestaron del rendimiento de su delantero.

Le irritó verlo caer a banda sin necesidad, alejarse del área cuando el equipo intentaba salir rápido, perder controles sencillos que podían haber activado contragolpes peligrosos.

—Necesito que su juego de espaldas sea mejor —recalcó el técnico—. Que pueda retener la pelota para que juguemos más a menudo a través de él. Quiero que llegue a los espacios correctos, como hizo hoy en el centro de Ndiaye. Pero también tuvo un par de balones al pie que no terminó de manejar bien. A veces se pone a enlazar juego cuando no hace falta. Creo que hay mucho más en su fútbol.

Moyes habla con la autoridad de quien ya gestionó el talento de Wayne Rooney en su primera etapa en el banquillo de Everton. Sabe que un delantero joven necesita algo más que minutos: necesita exigencia.

—El año pasado ya dije que para un delantero joven no es fácil llegar y rendir de inmediato —añadió—. Este año ha vuelto con una actitud realmente positiva. Ha regresado como si algo le hubiera removido por dentro, como si tuviera algo que demostrar.

Esa sensación se notó en cada carrera, en cada choque con los centrales, en la forma en que se despidió del césped entre aplausos. Thierno Barry ya no es solo “el fichaje de 27 millones que no marca”. Empieza a parecerse al delantero en torno al cual se puede construir un proyecto.

La pregunta es sencilla y, al mismo tiempo, enorme: ¿mantendrá este nivel cuando el calendario apriete y los puntos pesen todavía más? Everton, y buena parte de Goodison, están deseando averiguarlo.