Thomas Tuchel y su cicatriz tras la semifinal contra Argentina
Thomas Tuchel sigue defendiendo las decisiones que le costaron a Inglaterra una final de Copa del Mundo. No se arrepiente de la idea. Sí del momento. El técnico alemán asume que se protegió demasiado pronto ante Argentina en la semifinal de este verano, una noche en Atlanta que terminó convertida en pesadilla.
Inglaterra ganaba tras el gol de Anthony Gordon en el minuto 60. El partido parecía bajo control en el marcador, pero no en el césped. Argentina se lanzó a tumba abierta, sin red, y el seleccionador inglés lo sintió desde la banda: “Estábamos esperando la muerte”, admite en un documental en la aplicación oficial de la selección.
Del 1-0 al vértigo
El plan inicial de Tuchel se apoyaba en algo que le había funcionado: el bloque bajo con cinco defensas que había blindado a Inglaterra en las eliminatorias ante México y Noruega. Cansancio acumulado, experiencia reciente positiva y un rival desatado. Con esa mezcla, el alemán decidió protegerse.
El problema fue el timing.
Tras el 1-0, Inglaterra empezó a retroceder. Djed Spence tuvo que lanzarse al suelo para evitar un gol cantado. Jordan Pickford sostuvo al equipo con una parada clave justo antes de la pausa de hidratación. La sensación ya no era de control, sino de asedio.
En ese parón, Tuchel tomó la decisión que marcaría la semifinal: retiró al goleador Gordon para dar entrada al central Ezri Konsa. De golpe, el mensaje cambió. Inglaterra dejaba de mirar la portería rival para encerrarse atrás y resistir.
“Pensé: no vamos a sobrevivir. Esto es esperar la muerte. No tenemos la posesión, no defendemos bien, no defendemos correctamente en nuestro 4-4-2. Necesitamos ayuda”, explica el técnico sobre aquel instante.
“Jugaron a ‘no tenemos nada que perder’”
Tuchel insiste en que no se trató de miedo, sino de respuesta a la locura ofensiva de Argentina. “Juegan muy, muy rápido. Perdón por el lenguaje, jugaron un fútbol de ‘a la mierda’: ‘No tenemos nada que perder. A la mierda’”, relata, sin edulcorar el recuerdo.
El seleccionador inglés cambió entonces a un 5-3-2 para cerrar mejor las bandas y acumular tres centrales en el área ante la avalancha de centros. Más tarde, el dibujo se transformó en un 5-4-1, aún más conservador. El equipo se encogió. También la ambición.
“Hasta mi mentalidad quizá fue: ‘Solo sobrevivamos a esto’. Y fue demasiado pronto. Demasiado pronto para esa mentalidad”, reconoce.
La factura llegó al final. Enzo Fernández y Lautaro Martínez castigaron el repliegue inglés con dos goles en los últimos minutos. De un 1-0 que olía a gesta, a un 1-2 que borró el sueño de la primera final mundialista desde 1966.
“Es mi cicatriz”
Las críticas fueron feroces. Se pidió su destitución en caliente. Tuchel lo sabe, lo ha escuchado todo, pero no se esconde detrás de excusas ni de hipótesis cómodas.
“Podéis intentar matarme aquí. Pero es mi cicatriz, no la vuestra”, afirma en el documental. “Nadie está más dolido que yo, nadie lo quiso más. Pueden torturarte sin fin y pensar: ‘Si hubiera hecho otros cambios, habríamos ganado el partido’. Simplemente no lo sabes”.
El técnico admite que tenía la opción de ir en sentido contrario y reforzar el ataque, pero defiende la lógica de su decisión en ese momento: “Por lo que vi, por la experiencia, la información y el nivel de locura que Argentina puso –cambio tras cambio, uno ofensivo tras otro–, esa fue mi solución al problema”.
Y remata con una frase que define su manera de entender el banquillo: “Eso es la intervención de un entrenador. Intento ayudar, no implementas nada por tu ego ni nada parecido. Solo intentas ayudar”.
Esta vez, su ayuda llegó demasiado pronto. La pregunta es si, en la próxima gran cita, se atreverá a esperar un poco más antes de blindarse o si volverá a confiar en el instinto que le dejó una cicatriz que no piensa ocultar.






