Vermeeren: del Atlético de Madrid a su regreso a Antwerp
Arthur Vermeeren aterrizó en el Atlético de Madrid en 2024 con una etiqueta pesada sobre los hombros. En Bélgica lo señalaban como el heredero de Axel Witsel, el siguiente gran mediocentro para el equipo de Diego Simeone. El salto parecía lógico. El desenlace, no tanto.
El plan deportivo se torció casi desde el principio. En la segunda mitad de la temporada 2023-24, el centrocampista apenas sumó cinco partidos oficiales y solo 159 minutos en La Liga. Nunca logró hacerse un hueco real en el once de Simeone. Sin continuidad, sin ritmo, sin espacio para crecer, la salida se convirtió en una consecuencia inevitable.
Primero apareció la vía de escape hacia RB Leipzig. Después, un paso por Francia. Y, finalmente, el círculo se cerró con su regreso al club de su vida: Antwerp.
Un fichaje condicionado por la urgencia
Con el tiempo y la distancia, Vermeeren mira de otra forma aquel salto brusco desde Antwerp a la élite española. Atlético de Madrid pagó 22 millones de euros por él, una cifra muy marcada por la situación económica delicada del club belga. El traspaso fue, en parte, una necesidad.
El propio jugador admite ahora que, desde el punto de vista deportivo, la operación no encajaba del todo.
«No creo que necesariamente haya tomado malas decisiones», explicó en una entrevista a Het Nieuwsblad. «Probablemente hubo decisiones equivocadas entre ellas, pero las circunstancias, que poca gente conoce, también influyeron. Quizá Atlético no era el club adecuado, pero en ese momento parecía la mejor opción y la apoyé al cien por cien».
La frase resume bien el choque entre expectativa y realidad. El contexto empujó. El fútbol, en cambio, no le abrió la puerta.
Madrid, la lección más dura
En el césped, su etapa en el Atlético apenas dejó huella. Fuera de él, fue un terremoto personal. Nuevo país, nuevo idioma, un vestuario desconocido y, sobre todo, muy pocos minutos. La mezcla le golpeó fuerte.
«La gente no lo ve así, pero mi época en Atlético es cuando más aprendí», confesó. «Apenas conocía a nadie, no hablaba el idioma y, encima, no jugaba. Eso se convirtió en decepción y rabia, en quejarme de todo. Como si fuera culpa de todos los demás».
Detrás del fichaje millonario, había un chico de 21 años lidiando con la frustración diaria. El aprendizaje llegó a base de golpes, no de ovaciones.
Un negocio que el Atlético supo reconducir
Mientras Vermeeren peleaba con su propia adaptación, el Atlético de Madrid logró al menos minimizar el daño económico. El club diseñó una salida rentable a través de RB Leipzig.
El conjunto alemán abonó primero 9 millones de euros por la cesión, con una obligación de compra posterior de 16 millones. En total, 25 millones recuperados por el Atlético, que incluso logró un pequeño margen respecto a los 22 millones invertidos inicialmente.
En lo deportivo, el movimiento supuso un cambio de escenario para el jugador. En lo contable, una operación bien cerrada para el club madrileño.
Vuelta a Antwerp y una meta clara
Esta temporada, RB Leipzig decidió ceder a Vermeeren precisamente a donde todo empezó: Antwerp. El mediocentro ya ha disputado dos partidos de liga y, esta vez, el foco está mucho más claro.
Nada de etiquetas grandilocuentes. Nada de comparaciones con Witsel. El objetivo es directo: ayudar a su equipo a pelear por el título de liga belga, un trofeo que Antwerp no levanta desde 2023.
De promesa exportada a fichaje estratégico y, ahora, a símbolo de regreso. La pregunta ya no es qué pudo ser en Madrid, sino hasta dónde puede llegar Vermeeren en casa, con la lección aprendida y una carrera que, a sus 21 años, aún tiene mucho por escribir.






