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Wrexham sufre su mayor goleada ante West Ham: 6-0

Wrexham conoció el lado más crudo del Championship en el London Stadium. Un 6-0 contundente ante West Ham, el mayor castigo desde la llegada de Ryan Reynolds y Rob McElhenney en 2021, que borra de un plumazo el anterior peor registro: el 5-0 encajado frente a Stockport County en septiembre de 2023.

El golpe llega justo en el momento en que el club galés saboreaba las alturas. Tres ascensos consecutivos, aterrizaje en el Championship y una historia de cuento que se ha ido escribiendo a toda velocidad. Pero ante un West Ham recién descendido de la Premier League, el sueño se convirtió en una dura lección.

De competir 25 minutos al derrumbe total

Phil Parkinson no maquilló nada. Su equipo aguantó el pulso durante algo menos de media hora, pero el primer zarpazo de Jarrod Bowen abrió la herida. Joel Piroe amplió la ventaja antes del descanso y, tras el intermedio, Wrexham se vino abajo.

Konstantinos Mavropanos, Valentín Castellanos, Mohamadou Kante y Manor Solomon completaron la goleada en una segunda parte que se convirtió en un monólogo local. Cada llegada de West Ham olía a peligro. Cada error defensivo de Wrexham se pagó con un castigo inmediato.

“Muy duro. Una noche muy dura”, admitió Parkinson después. “Tengo que analizarme a mí mismo y asumir esa responsabilidad. Estaré mirando qué debería haber hecho mejor. Durante 25 minutos estuvimos en el partido, luego dos momentos en los que nuestra defensa no fue lo suficientemente buena. El tercer gol realmente nos mató”.

Ese tercer tanto, ya en la reanudación, no solo liquidó el encuentro. Apagó cualquier atisbo de reacción y convirtió los últimos minutos en un ejercicio de supervivencia.

Una ocasión clave… y un récord amargo

El partido giró sobre un instante que Wrexham no supo aprovechar. Con 1-0 en contra, George Dobson tuvo en sus botas el empate, pero Mavropanos apareció sobre la línea para sacar el balón y sostener la ventaja local. De una posible igualada a la avalancha.

Poco después, West Ham pisó el acelerador y el duelo se transformó en una procesión. El equipo de casa jugó con la autoridad de quien se sabe candidato al ascenso inmediato. Wrexham, desbordado, solo pudo perseguir sombras.

Todo, ante 59.712 espectadores. La mayor asistencia de la historia en un partido de Wrexham. Un nuevo récord que supera los 54.096 aficionados que acudieron a Anfield para ver el duelo de FA Cup contra Liverpool en enero de 1970. Un marco majestuoso, un recuerdo histórico… y una noche que el club preferiría enterrar pronto.

“Parte de mí intenta ser razonable y decir que ellos son un equipo muy bueno, una fuerza de ataque multimillonaria que debería estar en la Premier League”, reconoció Parkinson, consciente de la diferencia de recursos y de pegada.

West Ham se lanza a por el ascenso; Wrexham mira hacia abajo

La goleada no solo refuerza la candidatura de West Ham. Los londinenses se colocan en lo más alto de la tabla del Championship antes de los partidos del fin de semana y firman su victoria más amplia desde septiembre de 2018. El mensaje es claro: quieren regresar a la élite por la vía rápida.

Para Wrexham, el panorama es muy distinto. Tras rozar el playoff la temporada pasada, el arranque actual preocupa: solo una victoria en las primeras siete jornadas y una clasificación que les sitúa más cerca del descenso que de los puestos de promoción.

El salto de categoría está mostrando todos sus dientes. Las lagunas defensivas, que ante rivales de menor nivel podían disimularse, ahora se convierten en grietas enormes. Y en noches como la del London Stadium, esas grietas se transforman en goleadas.

Parkinson, ante su primer gran examen en el Championship

El técnico sabe que no hay tiempo para lamentos. “Tengo que analizarme a mí mismo”, insistió. El mensaje va más allá de una frase hecha: la prioridad inmediata pasa por reforzar la estructura defensiva y adaptar al grupo a la exigencia del segundo escalón del fútbol inglés.

Reynolds y McElhenney han impulsado un proyecto que ha roto barreras a una velocidad inédita. El reto ahora es distinto: no se trata de seguir subiendo, sino de aprender a resistir. De demostrar que Wrexham no es solo una historia de ascensos encadenados, sino un club capaz de asentarse entre gigantes que hasta hace nada miraba desde muy abajo.

La goleada en Londres quedará como una cicatriz en la era moderna del club. La cuestión, a partir de ahora, es sencilla y brutal: ¿será el principio de una caída o el golpe que despierte al equipo para pelear de verdad por su sitio en el Championship?