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Andy Robertson y el dolor de Liverpool tras la muerte de Diogo Jota

Andy Robertson no habla de táctica ni de sistemas. Habla de duelo. De un vestuario roto. De un equipo campeón que, de un día para otro, dejó de sentir que el fútbol importaba.

El lateral escocés ha reconocido que Liverpool “perdió el filo” la temporada pasada y ha explicado hasta qué punto la trágica muerte de Diogo Jota golpeó al grupo. El portugués falleció en un accidente de coche en julio de 2025, junto a su hermano Andre Silva, cuando ambos viajaban por España de regreso a Inglaterra para el inicio de la pretemporada.

Liverpool llegaba como vigente campeón de la Premier League. El escenario ideal para defender la corona. Pero el golpe fue devastador.

“Es difícil de describir o de hablar, porque lo que vivimos fue horrible”, confesó Robertson en el podcast Stick to Football, emitido en Disney+. “Si hablo de los nuevos fichajes, ellos llegaban a un club con el corazón roto”.

Los recién llegados, fichados por grandes cantidades, aterrizaron en un vestuario que apenas podía respirar.

“Lo intentaban, y por eso me sentí tan mal por ellos”, continuó. “Les costó meses asentarse porque no nos importaba, no nos importaba el fútbol. Esa era la verdad. No nos importaba el fútbol porque acabábamos de perder a uno de nuestros mejores amigos en el vestuario”.

De la élite al vacío emocional

Robertson recordó el contraste brutal entre el Liverpool que dominó Inglaterra y Europa y el que se encontró tras la tragedia.

“Éramos élite en todo lo que hacíamos durante años. Y quizá no pudimos serlo por lo que había pasado”, admitió. “Ellos empezaron a recibir muchas críticas. Por eso creo que estos chicos estarán perfectamente en Liverpool. Yo trataría la pasada como su primera temporada. Así lo haría”.

El escocés fue más allá al describir cómo el dolor se llevó por delante la competitividad que había definido al equipo de Anfield.

“Creo que todos los futbolistas tenemos ese filo, ¿no? Y cuando lo pierdes, no puedes rendir al máximo. La temporada pasada perdimos ese filo”, reconoció. “Cuando miro atrás, creo que perdimos un poco esa determinación, porque en momentos pensábamos: ‘¿Sabes qué? ¿Cuál es el sentido de todo esto?’”.

Las imágenes se le agolpan: la familia de Jota, sus hijos, el vacío.

“Veías lo que estaba pasando su familia. Sus niños. Estábamos de luto. Era nuestro colega al final del día. Para nosotros no era un futbolista, era un compañero, un amigo”, subrayó. “La semana antes de que muriera, estuve en su boda. Es de las cosas más difíciles que vas a vivir. Verle en el día más feliz de su vida y, a la semana siguiente, ver a su familia destrozada”.

Arne Slot, despedido entre el dolor y los resultados

El contexto no frenó la maquinaria implacable del fútbol profesional. Arne Slot perdió el cargo al final de la temporada tras un quinto puesto en la Premier League que supo a fracaso deportivo.

Robertson, sin embargo, se detuvo en la figura del técnico neerlandés y en cómo manejó un vestuario hundido.

“Hablamos mucho en pretemporada. El míster estuvo realmente bien”, recordó. “Nuestra pretemporada prácticamente no existió porque, siendo justos con Arne, él decía: ‘Si no quieres entrenar, no entrenas’. Si un día llegabas y estabas mal, esa era su actitud”.

El club ya contaba con un psicólogo, que organizó pequeños grupos para conversar sin presión, casi como refugios improvisados.

“Montó grupitos, era como: si quieres tomar un café y venir a hablar, ven”, explicó Robertson. “Lo hicimos varias veces, y creo que ayudó. Pero fueron momentos increíblemente difíciles”.

El dolor diario, sin escapatoria

En medio de todo, el defensor insistió en que, por muy duro que fuese para el vestuario, nada se comparaba al infierno de la familia de Jota.

“Siempre te sientes mal por su familia, por su mujer. Al final, su vida se dio la vuelta completamente”, dijo. “La nuestra… estábamos destrozados, sí, pero para ellos, en el día a día, debe seguir siendo durísimo incluso ahora”.

El grupo, pese a todo, tuvo que encontrar la manera de seguir adelante.

“Conseguimos salir adelante juntos, creo, y siempre dijimos: ‘Siempre le vamos a recordar’”, contó. “Pero teníamos que jugar al fútbol. No teníamos elección. Intentamos hacerlo lo mejor posible y por eso la temporada pasada fue tan dura”.

Del desfile más grande… al funeral

Robertson dibujó un contraste demoledor entre dos días que marcaron al club para siempre.

“El verano anterior tuvimos el desfile más grande en la historia de Liverpool”, recordó. “Íbamos en el autobús descapotable por el centro de la ciudad, y creo que más de un millón de personas salieron a vernos”.

Al día siguiente, vacaciones. Despedidas. El cierre perfecto a una temporada de gloria.

Y luego, el golpe.

“Al día siguiente nos damos la mano, cada uno se va de vacaciones. La siguiente vez que nos vemos todos es en el aeropuerto, rumbo a Porto para su funeral. Esa es la siguiente vez que veo a todos mis compañeros”, relató. “Pasas de lo más alto, de ir con el trofeo de la Premier League delante de miles y miles de aficionados, a ver a empleados y jugadores como estábamos… no es normal. No es normal lo que vivimos”.

Para Robertson, ese contexto no se tuvo en cuenta lo suficiente cuando se juzgó el curso de Liverpool.

“¿Se podría haber tenido en cuenta? Sí, quizá”, admitió. “Pero cuando la temporada avanza, sabemos que tenemos que hacerlo mejor, que tenemos que ganar partidos. Y entiendo la frustración por cómo jugábamos, por los resultados”.

Un inicio engañoso

En medio del caos emocional, el equipo arrancó el curso con una racha que, vista con perspectiva, fue un espejismo.

“Al principio el míster estuvo muy bien, nos ayudó mucho”, insistió. “Entendió la situación en pretemporada, no quiso apretarnos demasiado, ni generar demasiada competitividad por si alguien estaba pasándolo mal ese día”.

Ese enfoque tuvo un coste en ritmo y preparación, pero también evitó que el vestuario se rompiera del todo.

“Empezamos despacio, pero ganamos los primeros cinco partidos, y todo el mundo pensaba que Liverpool iba a ganar la liga otra vez”, recordó Robertson. “Ganamos los primeros cinco, pero probablemente estábamos tapando las grietas. Y después del parón de selecciones, las grietas aparecieron”.

Las palabras del capitán de la banda izquierda no buscan excusas. Ponen nombre al vacío que dejó Diogo Jota y explican por qué un campeón perdió su filo. La cuestión ahora es otra: ¿cómo se recompone un club que ya sabe lo que es ganar… y también lo que es perder a uno de los suyos en el camino?

Andy Robertson y el dolor de Liverpool tras la muerte de Diogo Jota