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Bayern Munich tropieza en la Bundesliga: problemas defensivos

Bayern tropieza en la reanudación: goles arriba, grietas atrás

El parón internacional de septiembre debía servir para que el Bayern Munich afinara detalles y retomara la Bundesliga con autoridad. Ha ocurrido lo contrario. Dos partidos, dos empates, cinco goles marcados… y cinco encajados. Demasiado castigo atrás para un equipo que aspira a gobernarlo todo.

Todo empezó con el 2-2 ante el Augsburg en liga, un resultado que ya dejó un regusto amargo en Múnich. El Bayern mandó, aceleró cuando quiso, generó ocasiones de sobra, pero permitió que un rival menor se marchara con un punto del Allianz. Un aviso serio.

Ese aviso se convirtió en señal de alarma en la Champions League. En la visita a Viking FK, el equipo volvió a exhibir poder ofensivo, pero también una fragilidad defensiva impropia del escudo que lleva en el pecho. 3-3 final, otra vez por detrás de lo esperado, otra vez la sensación de que cada llegada del rival hace daño.

Cinco goles encajados en dos encuentros. Para un gigante que se mide por títulos, no por estadísticas, esa cifra es inaceptable.

Vincent Kompany lo ha visto con absoluta claridad. El técnico no se refugió en excusas ni en el consuelo de los tantos a favor. Su lectura fue directa, casi quirúrgica: la energía está, la velocidad con balón también, las ocasiones se crean… pero el equipo se rompe atrás.

“En estos dos partidos, contra Augsburg y Viking, la energía fue buena, nuestro fútbol fue rápido, creamos muchas ocasiones. Pero el problema son las ocasiones que estamos concediendo —para mí eso no es suficiente para decir que mereces ganar”, subrayó Kompany, tajante. No hay maquillaje posible cuando el entrenador pone el foco ahí.

El mensaje se endureció un punto más: “Tenemos que mostrar una reacción en el campo, y eso es lo que más importa”. Nada de discursos largos, nada de rodeos. Reacción. En el césped. Ya.

La fotografía del momento es nítida: el Bayern no sufre para hacer daño, pero vive al borde del castigo en cada pérdida, en cada desajuste, en cada duelo mal medido. Y en el fútbol de élite, cuando la estructura defensiva se resquebraja, todo lo demás se tambalea.

Kompany ha identificado el problema con rapidez. La cuestión, la que marcará la temporada, es otra: ¿podrá transformar esa claridad de diagnóstico en solidez real antes de que estos empates se conviertan en una peligrosa costumbre?