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El City se blinda mientras la Premier tiembla

En Manchester recuerdan bien una noche de 2015 que hoy cobra un nuevo sentido. El club ofreció autocares gratis para el desplazamiento a Selhurst Park, un Crystal Palace–Manchester City movido a lunes que castigaba a los aficionados en día laborable y en uno de los campos más incómodos de alcanzar. El gesto sonaba a detalle con la grada. Hasta que apareció la foto.

Mike Summerbee, leyenda del club, fue colocado a pie de carretera para despedir a los autocares ante las cámaras. El acto se alargó, el tráfico hizo el resto y muchos hinchas llegaron tarde a un partido gris que terminó en derrota por 2-1. El enfado viajó de vuelta en los asientos y, por primera vez, también en las redes.

Algunos aficionados denunciaron la situación en internet. Al poco, varios periodistas del Manchester Evening News les escribieron para pedirles que ampliaran sus críticas para el periódico del día siguiente. La respuesta fue unánime: no. “Podemos criticar a nuestro club, pero no vamos a ayudarte a hacerlo”, fue el mensaje de fondo. Línea roja marcada.

Años después, esa noche resuena de nuevo. Porque el foco ya no está en un retraso de autocares, sino en un terremoto institucional sin precedentes.

Afición bajo sospecha

Desde que se conoció el veredicto de culpabilidad en el caso de los 115 cargos por incumplimiento de las normas financieras de la Premier League, una parte del debate público ha girado no solo sobre el club, sino sobre su gente. Se ha instalado una presión extraña, casi moral, para que los seguidores de Manchester City señalen a sus propios dueños, para que condenen públicamente el “engaño”.

Cuando eso no ha ocurrido, cuando la grada ha seguido empujando como siempre, algunos han convertido ese silencio en arma arrojadiza contra los hinchas. El aficionado del City, otra vez en el banquillo.

Y justo entonces el equipo salta a Anfield, uno de los estadios más hostiles de Europa, con el escándalo aún caliente. Y gana 0-3.

La Premier se mira al espejo

La victoria en Liverpool no solo movió la clasificación. Según The Independent, ejecutivos de la Premier League han discutido la posibilidad de que Manchester City sea “suspendido de inmediato” de la competición. El 0-3 en Anfield, en plena tormenta judicial, habría dejado al desnudo el embrollo en el que se ha metido el campeonato inglés: el líder deportivo del torneo, declarado culpable de violar su propio marco financiero.

Para suspender al club haría falta una votación con al menos 15 equipos a favor. De momento es debate de despachos, pero el lenguaje ya ha subido de tono. El diario cita a una fuente que no se anda con rodeos: “Esto es una farsa que llevará a protestas, daños a la integridad y a la reputación de la competición, e incluso posiblemente violencia. La junta tiene un deber legal con sus accionistas de proteger, mejorar y promover los intereses de la Premier League”.

Mientras tanto, Sky Sports apunta a un horizonte igual de inquietante: los clubes de la Premier “no esperan” que el City siga en la élite la próxima temporada si fracasa su apelación. Y va más allá: “muchos creen” que una simple deducción de puntos no bastaría si solo supone que el equipo pase un año fuera de la máxima categoría.

El mensaje que se filtra desde varios vestuarios y salas de juntas es claro: las normas deben aplicarse igual para todos, sin importar tamaño ni palmarés. Castigo proporcional a infracciones que abarcan casi una década, no un paréntesis de un curso.

Sobre la mesa aparece incluso la palabra tabú: expulsión. Para que eso ocurra, de nuevo, serían necesarios 15 votos. Otras sanciones posibles ya se barajan en voz alta: embargo de fichajes, pérdida de puntos, multas millonarias. El abanico disciplinario está abierto, y cada triunfo del City en el césped aprieta más a la liga en el terreno político.

Maresca pide ruido propio

En medio de ese clima, Enzo Maresca eligió la vía del desafío controlado. Antes del partido ya había definido el veredicto de culpabilidad como “ruido” externo. La expresión le costó críticas. No la ha retirado.

Tras el 0-3 en Anfield, el técnico se fue directo a la grada visitante, celebró con rabia y, después, explicó su idea: el club, desde el césped hasta el último asiento, debe sostenerse a sí mismo.

“No ha sido fácil para los jugadores después de las últimas dos o tres semanas, pero han manejado la situación muy bien”, dijo. “Comenté durante la semana que tenemos que aprender a convivir con el ruido de fuera por la situación. Ese ruido siempre va a estar ahí, así que debemos aprender a lidiar con él, pero al mismo tiempo tenemos que intentar generar nuestro propio ruido, que es ganar partidos, que es lo que hemos hecho hoy”.

Maresca quiere que ese rugido se escuche hasta el final de cada encuentro. Que el City responda a la sentencia con fútbol, con victorias, con una comunión interna que cierre filas cuando el exterior se incendia.

Un golpe que sacude al club entero

El entrenador no esconde, sin embargo, el impacto del caso. Tras el triunfo en Liverpool reconoció que el vestuario ha sentido el temblor provocado por los más de 100 incumplimientos de las reglas de la Premier que el comité independiente considera probados. El club ha presentado ya su apelación, un proceso que, según las informaciones, debería resolverse en un plazo aproximado de 12 semanas desde el 1 de octubre.

Doce semanas de incertidumbre. Doce semanas en las que se decidirá si el City sigue en la cima del fútbol inglés o se ve arrastrado a un castigo histórico, que podría incluir la pérdida de la plaza en la división.

El contexto da aún más peso a la presencia en Anfield de Ferran Soriano, CEO, y de Hugo Viana, director deportivo. Ambos vieron desde la grada cómo el equipo firmaba una de esas victorias que marcan temporadas. El mensaje interno es evidente: el club se presenta unido en el escenario más expuesto.

Haaland, calma en el ojo del huracán

La otra gran incógnita flota sobre el futuro de las estrellas. ¿Qué pasa con jugadores como Erling Haaland si el City acaba descendido, ya sea por decisión directa o por una sanción de puntos devastadora?

Según el Daily Mail, el delantero noruego se ha convertido en uno de los referentes de calma dentro del vestuario de Maresca. El informe apunta a que Haaland está tranquilizando a compañeros y empleados del club tras conocerse que el City ha sido declarado culpable de 114 de los 115 cargos por violaciones del reglamento financiero entre 2009 y 2018.

Mientras fuera se especula con posibles salidas en caso de descenso, dentro el ‘9’ se muestra sereno, ejerciendo como una de las voces de peso en la caseta. Otro tipo de liderazgo: no solo goles, también contención en plena tormenta.

Política, fútbol y transparencia

El terremoto ha llegado incluso a la esfera política. El primer ministro Andy Burnham, cuestionado por sus declaraciones tras conocerse el fallo contra el City, ha anunciado que hará públicos los detalles de sus reuniones con el club.

“Se me ha pedido, por parte del líder de la oposición, que publique detalles de mis reuniones, cosa que estoy dispuesto a hacer y que voy a hacer”, explicó en el podcast The Rest is Politics. “Voy a dejar muy claro todo lo que he hecho trabajando con ellos en mi anterior rol como alcalde de Greater Manchester. Ninguna de esas reuniones es reciente, de hecho. Solo tuve una reunión significativa, y fue en 2021”.

La presión ya no se limita a los despachos de la Premier o a los abogados del club. El caso se ha convertido en asunto de Estado, en munición parlamentaria, en tema de conversación nacional.

¿Hasta dónde llegará el castigo?

Mientras la apelación sigue su curso, el City vive en una especie de doble realidad. En el césped, un equipo que gana 0-3 en Anfield y un entrenador que reclama más ruido propio, más identidad, más orgullo. Fuera, una liga que se interroga a sí misma, clubes que piden mano dura y un futuro que puede cambiar de forma radical en tres meses.

Los aficionados, los mismos que rechazaron hace años amplificar críticas externas tras un viaje fallido a Selhurst Park, vuelven a caminar sobre la misma línea fina: defender a su equipo sin renunciar a la autocrítica, pero sin prestar su voz a quienes quieren convertirles en símbolo de algo más grande.

La pregunta ya no es solo qué castigo merece el Manchester City. La verdadera cuestión es qué tipo de Premier League saldrá del otro lado cuando caiga la última resolución.