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Conflicto en Napoli: Allegri y De Bruyne en el centro de la tormenta

El Napoli se agita. Y en el centro de la tormenta aparecen dos nombres propios: Massimiliano Allegri y Kevin De Bruyne.

El equipo no arranca esta temporada y los resultados empiezan a pesar. El último golpe llegó el martes, con un 3-1 doloroso en el campo del Villarreal en la Champions League, la segunda derrota europea para los italianos. Pero lo que más ruido ha hecho no fue el marcador, sino la escena en la banda.

Allegri pedía una cosa, su estrella hacía otra.

El técnico quería que De Bruyne retrasara unos metros su posición para permitir que McTominay se soltara más en ataque, con libertad para romper líneas. El belga, sin embargo, mantuvo su altura, ignorando las indicaciones. Desde la zona técnica, la reacción de Allegri fue de pura furia: gestos, gritos, un enfado imposible de disimular ante las cámaras.

La imagen corrió rápido. Y la historia del partido quedó sepultada por la del desencuentro.

El viernes, en rueda de prensa, Allegri intentó bajar el volumen del caso. Preguntado de forma directa por el enfrentamiento, cerró filas y negó cualquier problema de fondo con De Bruyne. Al portal “Calciomercato” le dejó un mensaje claro: no hay irritación, no hay guerra abierta, solo un malentendido puntual en mitad del partido.

Para el entrenador, la raíz del conflicto es más simple de lo que parece: el idioma. Explicó que ya han existido otros equívocos y que seguirán apareciendo, pero que lo importante es que se aclaran al momento. Entre frases mezcladas en inglés e italiano, la comunicación se enreda. Allegri lo resumió con ironía: o él habla inglés y De Bruyne italiano, o al revés, y ahí nace la confusión. Aun así, subrayó que el belga es “un chico listo” y que captó rápido lo que se le pedía.

Mientras tanto, la clasificación no espera. El Napoli es octavo en la Serie A, con 10 puntos tras seis jornadas, a seis de un Inter que marca el paso en la cima. La distancia no es definitiva, pero sí lo bastante seria como para encender alarmas en un club que se ha acostumbrado a mirar hacia arriba.

El próximo examen llega el sábado, ante Venezia, en la séptima fecha del campeonato. No parece, sobre el papel, el rival más temible. Pero ahí está la trampa: cuando un vestuario anda tenso y los resultados cojean, cualquier tropiezo se convierte en crisis.

Allegri necesita puntos. De Bruyne necesita sentirse decisivo. Napoli necesita que ambos hablen el mismo idioma, dentro y fuera del campo. Porque el calendario no perdona, y la Champions ya ha avisado de lo que ocurre cuando las órdenes no llegan claras.