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George Russell y su lucha en la temporada de F1

SAO PAULO – George Russell llegó a Interlagos con el gesto cansado y un mensaje claro: lo que más pesa este año no es solo el coche, es el desgaste de volver a empezar una y otra vez.

El piloto de Mercedes, señalado como gran favorito al título al inicio de la temporada, encadena golpes deportivos que han ido minando su energía. El último, en el Gran Premio de Ciudad de México: salida desde la primera fila, ritmo para luchar por la victoria… y de repente el coche se viene abajo. Sexto en meta, con la sensación de haber perdido mucho más que unos puntos.

“Cuando te tiran al suelo, te vuelves a levantar. Y te vuelven a tirar, y te vuelves a levantar. Esperaba tener que hacer eso quizá un par de veces en la temporada, no prácticamente cada dos fines de semana”, reconoció el británico ante los medios este jueves, en la previa de un Gran Premio de Sao Paulo que puede coronar a Mercedes con el título de constructores de 2026.

El contraste dentro del propio garaje es duro. En México, su compañero, el italiano de 20 años Kimi Antonelli, terminó tercero y se convirtió en el campeón más joven de la historia de la Fórmula 1. Mientras uno celebraba el título, el otro volvía a juntar las piezas de un año que no termina de despegar.

Russell describió un calendario que se hace largo, no solo en kilómetros. “Cuando estás fuera de casa tres semanas seguidas y tienes otra carrera como la de México, donde una opción de victoria, una opción de podio, desaparece totalmente por algo que no puedes controlar, es difícil de gestionar”, admitió.

El número es demoledor: problemas técnicos en 14 carreras. Demasiado para quien aspiraba a pelear por el campeonato desde la primera cita. Aun así, Russell se negó a refugiarse en la narrativa fácil de la mala suerte.

“Honestamente, no creo que el equipo me haya fallado, porque estas cosas pasan. Nadie pretende que sucedan. Todos estamos intentando dar lo mejor para ofrecer lo mejor”, defendió, protegiendo al grupo y señalando una realidad incómoda para cualquier gran estructura de la parrilla.

Su reflexión fue directa, casi cruda, sobre el dilema que persigue a Mercedes en esta nueva era: “El año pasado teníamos un coche extremadamente fiable y solo terminamos cuartos en el campeonato. Este año tenemos un coche extremadamente rápido, pero que ha sido poco fiable. ¿Cuál prefieres?”.

La pregunta queda flotando en el aire, sin respuesta sencilla. Velocidad sin garantías o solidez sin gloria. Russell conoce bien las dos caras: en 2022, en este mismo escenario de Interlagos, logró su primera victoria en F1 con Mercedes, en un fin de semana perfecto que parecía anunciar el comienzo de una nueva etapa dorada. Dos años después, regresa al circuito con una mezcla de nostalgia y determinación, tratando de rescatar algo de aquella versión implacable de sí mismo.

Entre la fatiga mental, los fallos mecánicos y el brillo emergente de Antonelli, el británico se encuentra en uno de esos puntos de inflexión que marcan carreras. Interlagos ya fue el lugar donde se confirmó como ganador. Ahora puede convertirse en el circuito donde empiece a recuperar el control de una temporada que, por momentos, ha parecido escapársele de las manos.