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El gol de Miovski transforma la noche del Rangers

Cuatro minutos pueden ser una eternidad en fútbol. En Ibrox lo sintieron todos.

Rangers se asomaba al abismo cuando el tiempo añadido ya asomaba en el marcador. El murmullo se había convertido en abucheos, las gradas se vaciaban a paso rápido y la sensación de oportunidad perdida se instalaba sobre el césped. Entonces apareció Bojan Miovski.

Un control limpio, una definición fría y un rugido que borró de golpe la banda sonora de la frustración. Ese gol, en casa ante St Mirren, cambió la noche, el ánimo y, quizá, el tono de la temporada.

De los abucheos al desahogo

Hasta ese instante, el relato era otro. Cientos de aficionados locales habían decidido marcharse antes del final, hartos de una segunda parte desordenada y nerviosa. El contraste con la primera mitad dolía: Rangers había salido a arrollar, había sometido a St Mirren durante una hora y había generado ocasiones de sobra.

Derek McInnes lo resumió así para la BBC escocesa: durante la primera parte, su equipo “absolutamente castigó” a St Mirren. Intensidad, ritmo, agresividad. Todo menos el gol.

Y cuando no marcas, el fútbol castiga. St Mirren olió la duda y se lanzó. El propio McInnes admitió que los visitantes tuvieron un tramo de 20 minutos en la reanudación en el que “fueron mejores”, jugaron con más fe y aprovecharon la cascada de malas decisiones de su equipo.

Ahí se rompió el control. Ahí se escucharon los abucheos.

Pero el marcador seguía 0-0. Y, como recordó el técnico, cuando sobrevives a un asedio sin encajar, “te da poder y creencia” de que puedes sacar algo. St Mirren lo creyó. Rangers empezó a forzar demasiado pronto, a precipitarse.

Hasta que llegó el balón directo y Miovski decidió.

Un gol que pesa más que tres puntos

El impacto del tanto va mucho más allá del 1-0. En Perth, Celtic había hecho los deberes ante St Johnstone con el mismo marcador y mantenía su pleno liguero. Sin el gol de Miovski, Rangers habría quedado a siete puntos del vigente campeón tras solo seis jornadas.

Siete puntos. En septiembre. Y con un doble duelo ante Celtic en el horizonte inmediato.

El viento se habría escapado de las velas de McInnes justo antes de un cruce de cuartos de final de la Premier Sports Cup ante el equipo de Martin O’Neill y de una visita a Celtic Park en liga una semana más tarde. En lugar de eso, Rangers enlaza ya cinco partidos sin perder en casa y cuatro victorias consecutivas desde la derrota ante Hibernian que encendió las alarmas tras la eliminación europea.

McInnes puede sacar pecho con los números: seis victorias en siete encuentros, cuatro triunfos seguidos y ningún gol encajado salvo un autogol. Pero sabe que el cuadro aún está en construcción. Desde el 5-1 a St Mirren en la Copa de la Liga hace un mes, todas las victorias han llegado por la mínima.

Ganar, sí. Convencer, no siempre.

Un equipo intenso, pero sin colmillo

Andy Halliday, excentrocampista de Rangers, ve brotes verdes. En declaraciones a Sportsound de BBC Radio Scotland, destacó la mejora sin balón en los últimos tres o cuatro partidos y elogió la agresividad y la intensidad mostradas en la primera parte ante St Mirren. Ocasiones hubo “en abundancia”.

Lo que falta es algo más crudo: la “ruthlessness”, la falta de piedad en el área rival. El instinto asesino.

Halliday discrepa con McInnes en la lectura del segundo tiempo. Para él, St Mirren mandó mucho más que en un simple tramo de 20 minutos. A su juicio, Rangers perdió el control, se desesperó y se volvió “demasiado forzoso demasiado pronto”. El plan se convirtió en empuje casi ciego.

Pero ese empuje, al final, funcionó. El balón largo, la segunda jugada, el gol salvador. No es un modelo sostenible a largo plazo, pero anoche bastó.

Miovski, de descartado a héroe inesperado

La historia de la noche tiene nombre propio. Hace apenas unas semanas, Bojan Miovski parecía fuera del mapa. Quinto delantero en el orden de preferencias, con rumores de salida en la ventana de fichajes y sin espacio real en el once.

Las lesiones han cambiado el escenario. Las bajas de larga duración de Youssef Chermiti y Lawrence Shankland, que arrancó el curso como delantero titular, han dejado a McInnes sin sus referencias ofensivas. A eso se suma la operación de la ingle del japonés Daisuke Yokota, lesionado poco después de llegar.

En medio de ese panorama, Miovski ha pasado de descarte a salvavidas. Halliday lo resumió con crudeza: “Parecía fuera de la foto hace dos o tres semanas… pero ha firmado un gol enorme”.

McInnes recordó un dato que ayuda a entender por qué siempre le vio valor: los goles por minuto de Miovski en la Premiership están a la altura de Shankland. Un especialista del área que conoce la liga y que, con el socio adecuado, puede marcar diferencias.

El técnico ha apostado hasta ahora por Ryan Naderi y por Kevin Kelsy, el fichaje de peso procedente de Portland Timbers. Halliday no cree que Miovski vaya a ser titular ante Celtic, pero admite que, con un gol así, “está mucho más dentro de la foto”.

El fútbol gira rápido. Para Miovski, ha dado una vuelta completa en cuatro minutos.

Entre la euforia y la exigencia

Las celebraciones desatadas al final del partido no gustarán a todos, pero McInnes las defendió sin titubeos. Un gol en el último minuto en Ibrox, con el equipo al borde de un tropiezo que habría tenido consecuencias en la clasificación y en el ambiente, libera tensiones y une a vestuario y grada.

“Preferiríamos no estar en esa posición”, admitió, “pero hay que dar crédito a los jugadores por seguir insistiendo”. El mensaje es claro: hay “muchas cosas que mejorar”, pero la obligación es doble, ganar y mejorar al mismo tiempo si el club quiere “lograr algo esta temporada”.

Rangers llega a la semana del derbi con vida, resultados y dudas. El equipo muestra solidez atrás, trabajo sin balón y tramos de fútbol dominante. Le falta remate, continuidad y calma cuando el partido se tuerce.

La pregunta ya no es si Miovski salvó una noche complicada. La cuestión es si ese gol será solo un alivio puntual o el punto de giro de una temporada que, en cuatro minutos, dejó de parecerse a un problema y empezó a parecer una oportunidad.