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Pirlo se retira de la carrera por ser seleccionador de Italia

Andrea Pirlo ya no será el nuevo seleccionador de Italia. No por una decisión táctica, ni por dudas sobre su idea de juego. El golpe ha llegado desde otro frente: su acuerdo de patrocinio con una casa de apuestas rusa, Fonbet, en pleno contexto de guerra en Ucrania.

El propio Pirlo lo hizo público en sus redes sociales. “Anoche supe que ya no soy candidato para el puesto de seleccionador de Italia”, escribió en Instagram el excentrocampista de la Azzurra, que había sonado con fuerza como relevo de Gennaro Gattuso. El sueño de dirigir a la selección se ha evaporado de un día para otro.

Un patrocinio que explota en Roma

El problema no era solo deportivo. En realidad, casi nada de esto lo era. Varios políticos italianos habían encendido la alarma por el rol de Pirlo como embajador de Fonbet, una casa de apuestas rusa, cuestionando la compatibilidad de esa imagen con la línea oficial de apoyo de Italia a Ucrania.

Pirlo había tratado de desactivar la bomba. Había insistido en que el acuerdo con Fonbet estaba vinculado a su trabajo en Emiratos Árabes Unidos y que era “exclusivamente de carácter comercial y deportivo”. Rechazó de forma tajante cualquier lectura ideológica: atribuir un significado político a esa colaboración, decía, era atribuirle convicciones que nunca había expresado y que no le pertenecen.

No bastó.

Choque frontal con la clase política

La polémica creció hasta convertirse en un problema de Estado futbolístico. Y ahí el margen de maniobra se redujo. La elección del próximo seleccionador dejó de ser un asunto técnico para convertirse en un símbolo.

Pina Picierno, vicepresidenta del Parlamento Europeo, fue especialmente dura. En sus redes sociales cargó contra la posible elección de Pirlo: después de “otra derrota y otro Mundial perdido”, escribió, el fútbol italiano necesitaba “una revolución cultural, ética y de gestión”. Nombrar a Pirlo, remató, iba “en la dirección exactamente opuesta”.

El mensaje era claro: no se discutía solo al entrenador, se discutía lo que representaba.

Ignazio La Russa, presidente del Senado y figura de peso en el partido de la primera ministra Giorgia Meloni, tampoco escondió sus reservas. En declaraciones a la agencia Ansa, lanzó una frase que sonó a sentencia: “Dios nos ayude”. Reconoció que Pirlo había sido un “gran campeón”, pero como técnico lo veía como “un salto en el vacío”.

Carlo Calenda, líder del partido Azione, fue aún más directo: “Quien sea o haya sido promotor de Rusia después de 2022 no debería ocupar un cargo nacional”. En ese marco, Pirlo dejó de ser una opción asumible para la Federación.

Maldini le apoyaba, la política no

El giro es especialmente llamativo porque Pirlo contaba con un aliado de peso dentro de la FIGC: Paolo Maldini, recién nombrado director técnico de la federación, apostaba por él como rostro de una nueva etapa. Futbolísticamente, la elección tenía lógica: un símbolo de la Azzurra, una figura respetada en los vestuarios, una apuesta por un discurso moderno.

La realidad terminó imponiendo otras reglas. El ruido político fue demasiado fuerte. La imagen del seleccionador, en un país donde la selección sigue siendo un asunto de identidad nacional, no podía convivir con la sospecha de un vínculo incómodo con Rusia, por mucho que Pirlo insistiera en el carácter estrictamente comercial del acuerdo.

Un banquillo sin dueño y un país sin Mundial

La FIGC había llegado a Pirlo tras varios intentos fallidos. Antes había tanteado a dos gigantes del banquillo: Pep Guardiola y Carlo Ancelotti. Ninguno de los dos se movió de su trinchera. Con Gattuso fuera del cargo desde abril, después de que Italia se quedara fuera de su tercer Mundial consecutivo, la federación buscaba un golpe de efecto.

Ese golpe debía ser Pirlo. Incluso estaba dispuesto a dejar su puesto en el Dubai United para asumir el reto. El plan parecía claro. Hasta que la política entró en el vestuario.

Ahora el tablero se reordena. Los nombres de Roberto Mancini y Antonio Conte, dos técnicos que ya conocen la silla eléctrica del banquillo azzurro, vuelven a circular con fuerza. Dos perfiles antagónicos en el carácter, pero con un punto en común: saben lo que significa vivir bajo la lupa diaria de un país que no perdona otra ausencia mundialista.

Italia sigue sin seleccionador y con una herida abierta: tres Mundiales seguidos sin participar. La pregunta ya no es solo quién se sentará en el banquillo. La verdadera cuestión es si, en este clima, alguien podrá dirigir a la Azzurra sin mirar constantemente por el retrovisor hacia Roma.

Pirlo se retira de la carrera por ser seleccionador de Italia