Victoria de Tottenham en casa: el regreso de Kulusevski
Tottenham Hotspur ganó un partido de liga en casa. Ya solo esa frase, en este momento de la temporada, pesa más que cualquier análisis táctico. Pero lo que ocurrió en el norte de Londres va mucho más allá de tres puntos: fue una noche de catarsis, de golazos y de un regreso que muchos habían dejado de esperar.
Golazos como declaración de intenciones
Hubo nervios. Hubo imprecisiones. Hubo ese murmullo típico de un estadio que ha visto demasiadas decepciones recientes. Pero, cuando Tottenham golpeó, lo hizo con estruendo.
James Maddison volvió a asumir el papel de líder creativo y ejecutor. Su tanto, otro disparo de alta escuela, alimenta la sensación de que, si el equipo consigue encadenar resultados, el 10 será el que marque el ritmo de la reacción. A su lado, Omar Marmoush firmó otra acción de calidad, reforzando una pregunta que empieza a repetirse en las gradas: ¿solo sabe marcar golazos este equipo?
La respuesta, por ahora, no importa demasiado. Lo que sí cuenta es que, en un contexto de dudas, Tottenham encontró la manera de ganar. Y lo hizo con una colección de momentos brillantes que recordaron al público por qué sigue llenando el estadio.
La trivela de Ben Davies y el cambio de ánimo
En medio de la tensión, apareció Ben Davies con un gesto técnico que habría encajado en cualquier recopilación de lujo. Una trivela, elegante y desafiante, que encendió al público y simbolizó algo más que una simple acción aislada: la sensación de que los jugadores vuelven a atreverse.
Ese tipo de detalles, cuando un equipo viene de sufrir durante varias temporadas, cambia la atmósfera. El murmullo se convierte en rugido. La duda, en expectativa. Y Tottenham, que llevaba demasiado tiempo sin regalar una noche así a su gente, por fin ofreció algo a lo que agarrarse.
Kulusevski, 500 días después: el rugido de un estadio
Pero nada superó al gran momento emocional de la noche: el regreso de Dejan Kulusevski. Más de 500 días fuera. Una eternidad en fútbol. Lo suficiente como para que muchos pensaran que su carrera al máximo nivel podía haberse acabado. El propio silencio alrededor de su recuperación alimentaba el pesimismo.
Por eso, cuando Roberto De Zerbi anunció que estaría en el banquillo, la sensación general era que se trataba casi de un gesto simbólico. Un premio a la perseverancia, poco más. Hasta que el guion cambió.
Con Tottenham por delante ante Coventry y el partido pidiendo carácter, Kulusevski cruzó la línea de cal. El estadio reaccionó como si se tratara de un fichaje galáctico. No era solo un jugador volviendo; era una herida abierta cerrándose por fin.
De Zerbi lo explicó con claridad: quería darle algo a una afición que “ha sufrido demasiado en las últimas tres o cuatro temporadas” y que merecía ver de nuevo a uno de sus favoritos sobre el césped. También, en los últimos minutos, necesitaba la energía de la grada. Y nada conecta más a un estadio que el regreso de alguien con quien ha compartido tanto.
Kulusevski no se limitó a pasear su apellido por el videomarcador. Se le vio ágil, con chispa, atrevido. En una carrera en la segunda parte, muchos ya se levantaban anticipando ese clásico recorte hacia dentro, al borde del área, que tantas veces ha terminado en gol. Esta vez no llegó el disparo soñado. Quizá sea el siguiente paso. Pero el mensaje quedó claro: Deki está de vuelta.
Entre dudas y certezas
No todo fue perfecto. De Zerbi lo reconoció al señalar que el equipo ha firmado actuaciones mejores esta misma temporada. Y el análisis frío le da la razón: hubo tramos de partido en los que Tottenham se vio atenazado, con problemas para cerrar el encuentro y con lagunas en algunas posiciones.
Maddison fue sobresaliente. Marmoush dejó muy buenas sensaciones. Sandro Tonali ofreció detalles de jerarquía en el centro del campo, y Mateus Fernandes dejó destellos que invitan al optimismo. En cambio, la actuación de Jan Paul van Hecke sigue sin despejar las dudas que arrastra; su nombre continúa en la lista de asuntos por resolver.
Pero esta vez nadie en el estadio se marchó hablando solo de lo que falta. La conversación giró en torno a lo que, por fin, ha regresado.
Una victoria que pesa más que tres puntos
En la clasificación, es solo un triunfo. En el vestuario y en la grada, significa mucho más. Después de tanto tiempo sin ganar en casa, Tottenham necesitaba una noche así: goles de bandera, un rival competitivo, nervios finales… y la sensación de que el equipo sabe sufrir y cerrar un resultado.
De Zerbi insistió en lo esencial: las estadísticas de juego pueden variar, las sensaciones pueden discutirse, pero las victorias siguen siendo el dato que define una temporada. Y esta, en concreto, puede convertirse en un punto de inflexión.
Porque Tottenham no solo ganó. Recuperó a Dejan Kulusevski. Y cuando un club que “ha sufrido demasiado” se permite, por fin, celebrar un triunfo con uno de sus viejos referentes sobre el césped, la pregunta ya no es qué ha pasado hasta ahora, sino otra muy distinta:
¿Y si esta noche, por fin, fue el verdadero inicio de su temporada?





