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Xabi Alonso inicia su etapa en Chelsea: paciencia y desarrollo

SYDNEY, AUSTRALIA — Xabi Alonso vuelve al primer plano del fútbol inglés, pero no con las botas puestas ni el dorsal a la espalda. Esta vez manda desde la banda. Y, fiel a su estilo, no tiene ninguna prisa.

En el césped fue un metrónomo. Pase limpio, cabeza fría, lectura de espacios casi quirúrgica. Diecisiete años después de su marcha de la Premier League, esa misma cadencia serena aparece ahora en cada respuesta, en cada gesto, mientras sortea a un enjambre de cámaras y micrófonos en Sídney, donde arranca su etapa como entrenador de Chelsea con una serie de amistosos.

El escenario, sin embargo, ya no es el mismo.

“Ha cambiado mucho”, admitió ante los medios. “Fue hace mucho tiempo, me fui en 2009. Hemos visto la progresión y el desarrollo de la liga, de los equipos, de los clubes, de los entrenadores también, de los jugadores”.

El fútbol que deja como jugador y el que se encuentra como técnico se parecen poco. La Premier es más rápida, más física, más implacable. Alonso lo sabe. Y por eso pide algo que en Stamford Bridge suele escasear: tiempo.

Un proyecto que arranca lejos de casa

Chelsea ha cruzado medio mundo para empezar a tomar forma. Sídney será el primer laboratorio del técnico español, con una mini gira ante Western Sydney Wanderers y Tottenham Hotspur que servirá menos para levantar un trofeo y más para responder a una pregunta básica: ¿qué tiene realmente entre manos?

“Fueron buenos años, pero ahora espero poder disfrutarlo también como entrenador”, explicó. “Hasta ahora creo que tenemos grandes cualidades con las que trabajar. Seguro que no está toda la plantilla, pero los que están entrenando lo están haciendo bien. Tienen buena energía”.

El club ha viajado a Australia con un grupo híbrido: jóvenes, jugadores de rotación y algunas figuras consolidadas. Una mezcla ideal para un técnico que quiere mirar de cerca, probar, corregir y, sobre todo, conocer.

Ahí, en ese trabajo silencioso de pretemporada, Alonso se ha llevado una sorpresa.

“Estamos pasando tiempo con jugadores de la academia que, siendo sincero, no conocía tan bien, y me han impresionado mucho”, confesó. “La calidad, incluso siendo muy jóvenes, es altísima. Son grandes proyectos por desarrollar. Estamos usando este tiempo para llegar ahí”.

No son palabras vacías. Para un entrenador que construyó su carrera leyendo el juego un segundo antes que el resto, detectar talento precoz y entender cómo encajarlo en una estructura será una de las claves de su mandato.

Morgan Rogers, el gran ausente que lo cambia todo

Paradójicamente, buena parte de su primera comparecencia giró en torno a un jugador que ni siquiera está en Australia y al que aún no ha visto en persona: Morgan Rogers.

El atacante inglés se ha convertido este mes en el futbolista británico más caro de la historia tras su fichaje por Chelsea por 117 millones de libras. Una cifra que pesa. Y que coloca al joven delantero directamente bajo el foco, incluso antes de pisar el vestuario.

Alonso no ha podido trabajar todavía con él, pero sabe lo que supone manejar un fichaje de ese calibre en un club que vive permanentemente en la urgencia. Mientras el ruido crece alrededor de Rogers, el técnico se aferra a su discurso de calma y construcción progresiva, también para protegerle.

Mientras tanto, el trabajo en Sídney se centra en los que sí están: piezas jóvenes, futbolistas periféricos y algunos nombres fuertes que deben empezar a asimilar la idea de juego del nuevo entrenador.

El objetivo es simple en el papel, complejo en la práctica: reconstruir tiempo y espacio para un equipo que el curso pasado vivió más en el caos que en el control.

Paso a paso, no a mayo

Alonso rehúye las grandes proclamas. No hay promesas de títulos, ni declaraciones grandilocuentes sobre revoluciones inmediatas. Su libreto, al menos de puertas afuera, es otro.

“La idea no es pensar demasiado pronto en lo que va a pasar en mayo”, advirtió, con la mirada puesta en el final de la Premier League. “Necesitamos ir paso a paso. Queremos tener un buen inicio, pero para eso necesitamos crear buenas energías, buena química dentro del equipo, ideas claras, y eso se desarrollará seguro”.

La palabra clave es desarrollo. Nada de atajos.

“Estoy seguro de que el equipo que empezará en agosto no será el mismo que terminaremos en mayo, y estoy seguro de que ese equipo de mayo será mejor que el del primer día”, añadió.

El mensaje va directo al entorno y al vestuario: esto no es un sprint, es una temporada entera de ajustes, correcciones y crecimiento. Nuevo entrenador, nuevos jugadores, nuevas ideas. Un cóctel que puede tardar en cuajar… o explotar muy rápido. Alonso no lo esconde.

“No quiero hablar demasiado pronto de cuál es nuestro objetivo”, remarcó. “Queremos tener una buena temporada. Queremos merecer estar lo más alto posible, y para eso necesitamos trabajar duro. Necesitamos desarrollar este equipo con nuevos jugadores, nuevo entrenador, nuevas ideas. A veces tarda más, a veces pasa más rápido”.

Sídney como primer examen

El punto de partida está marcado: 28 de julio, Accor Stadium, 19:45 hora local. Chelsea abre su participación en la Sydney Super Cup ante Western Sydney Wanderers, con el telón de fondo de una Premier que arranca el 22 de agosto y que no espera a nadie.

No habrá grandes conclusiones después de un amistoso de pretemporada, pero sí señales: qué jóvenes se atreven a pedir la pelota, quién entiende mejor el ritmo que pide el técnico, qué jerarquías empiezan a dibujarse.

“Por ahora, buena sensación. Buena energía. Los jugadores están trabajando duro, y eso es lo que queremos”, resumió Alonso.

El entrenador que dominó el centro del campo con calma y precisión se enfrenta ahora al caos controlado que es dirigir a Chelsea. Ha pedido paciencia. Ha prometido trabajo. En pocas semanas, la Premier dirá cuánto margen le concede para convertir su idea en un equipo reconocible.