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Gavi y su evolución en el Barcelona bajo Hansi Flick

Gavi ya no parte como titular indiscutible en este Barcelona. La competencia en el centro del campo es feroz y el andaluz sabe que cada minuto hay que ganárselo. Aun así, Hansi Flick le sostiene el pulgar hacia arriba: confía en él, lo incluye en sus planes y le reserva un papel importante en la rotación.

El centrocampista, a sus 22 años, vive una etapa distinta a la de aquel chaval que irrumpió con 17 sin mirar atrás. En una entrevista con la revista "Men's Health", el canterano azulgrana se detuvo a mirar el camino recorrido y el peso que ahora siente sobre los hombros.

«Ahora hay mucha más presión que cuando tenía 17 años. En ese momento no me daba cuenta de dónde estaba. Cuanto más joven era, más disfrutaba del fútbol», admite.

La frase destapa una realidad que se ve en el campo: el mismo carácter, pero otro tipo de responsabilidad.

De la impaciencia a la madurez

Gavi ya sabe lo que es detener en seco una carrera que parecía lanzada. Las lesiones le cortaron el ritmo y le obligaron a mirar el fútbol desde fuera durante meses. Ese tramo, duro y largo, le cambió.

«Quizá antes no era paciente, pero ahora lo soy más», reconoce. «Cuando estuve lesionado, tuve que ir cumpliendo etapas y marcándome objetivos. También me sirvió para aprender otras cosas más allá del fútbol. Ahora puedo decir que me cuido mucho mejor que cuando empecé mi carrera profesional».

No es una frase vacía. El internacional español ha reformulado rutinas, alimentación, descanso y preparación. Ha entendido que su energía desbordante necesita un cuerpo blindado para sostenerla.

Una rodilla que no admite descuidos

El recuerdo de la lesión de rodilla que le dejó casi una temporada en blanco sigue muy presente. No es un capítulo cerrado, es una alerta constante.

«Mi rodilla siempre tiene que estar fuerte, juegue o no juegue», explica. «No puedo relajarme porque la lesión puede pasar en cualquier momento».

Ahí no hay margen para el romanticismo. Es prevención, trabajo invisible y disciplina diaria. Incluso cuando no sale en el once, el mensaje que se repite es el mismo: no bajar la guardia.

En ese proceso, su círculo más íntimo fue clave. «Me aislé con mi familia y eso me ayudó mucho», cuenta. Mientras el ruido exterior analizaba tiempos de baja y posibles regresos, Gavi se agarró a los suyos para reconstruirse.

La mirada puesta en Lamine Yamal

Entre la lucha por su sitio y el cuidado de su rodilla, Gavi también se detiene a observar lo que viene por detrás. Y ahí aparece un nombre propio: Lamine Yamal.

El centrocampista no escatima elogios para el joven talento del Barça. Lo que ve cada día en la Ciutat Esportiva le impresiona incluso más que lo que se ve en los partidos.

«Este jugador es muy habilidoso en el campo, pero te sorprende aún más en los entrenamientos», asegura. «Solo espero que siga desarrollándose. Es consciente de sus capacidades. Puede estar entre los mejores de todos los tiempos».

No se queda en el regate o el gol. Gavi subraya algo que en la élite marca la diferencia: la cabeza.

«Lo veo mentalmente fuerte, y eso es lo más importante al final», añade. «Sabe lo que quiere y todavía tiene un largo futuro futbolístico por delante. Debe seguir así cada día, porque el presente es lo más importante, y todo el mundo le va a estar observando de cerca cada día».

Mientras Lamine Yamal acelera hacia la cima y el Barça se reconfigura bajo el mando de Flick, Gavi se mueve en un punto intermedio: ya no es la promesa descarada, tampoco el veterano. Es el jugador que ha conocido la gloria temprana, el parón por lesión y la batalla diaria por un lugar. Y desde ahí, con una rodilla vigilada y la mente más serena, se prepara para demostrar que su historia en el club todavía tiene muchos capítulos por escribir.