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Arsenal y Tzolis: un debut impresionante en la Premier League

En el verano de 1993, Manchester United celebró la liga y, acto seguido, rompió el mercado con Roy Keane. En 2001, otro título y otro golpe de autoridad: Ruud van Nistelrooy. En 2008, después de conquistar Premier League y Champions League, apareció Dimitar Berbatov. No porque hiciera falta. Porque podían.

Cada vez, Alex Ferguson no solo protegía la distancia con sus rivales: la estiraba. Cada vez, United defendió su corona.

En el Emirates Stadium se respiraba algo muy parecido. Antes de que el balón echara a rodar, Mikel Arteta ofrecía su propio gesto de poder: Ezri Konsa, flamante fichaje, desfilaba por el césped entre una ovación cerrada. Un mensaje nítido. El técnico del campeón se permite firmar al que muchos consideran el segundo mejor central diestro de la Premier League mientras el primero, William Saliba, se recupera de una lesión.

Y en cuanto arrancó el 3-0 frente al Coventry City, quedó claro que Arteta no solo había blindado la defensa. Había afilado el ataque.

Tzolis, el nuevo cuchillo por la izquierda

Christos Tzolis ya había dejado pistas en pretemporada: cifras físicas sobresalientes, impacto inmediato. Pero otra cosa es verlo en un viernes por la noche, bajo los focos, con la liga en juego. Desde el primer sprint por la banda izquierda, quedó claro que Milan van Ewijk tenía por delante una noche incómoda.

Tzolis se movía como si huyera de un enjambre. Piernas en tensión constante, cambios de ritmo eléctricos, esa urgencia de quien quiere demostrar que pertenece a este escenario. Justo el tipo de extremo al que ningún lateral desea enfrentarse en su debut televisado.

Arsenal presentaba un frente ofensivo de lujo: Kai Havertz como referencia, Bukayo Saka en la derecha, Martin Odegaard flotando entre líneas. Opciones por dentro, por fuera, por todas partes. Sin embargo, el plan se simplificó pronto: en el último tercio, buscar a Tzolis.

El griego se abría a la cal, casi pegado a la línea, esperando paciente el balón. Y cuando lo recibía, aceleraba hacia el área, amagaba a un lado y al otro, bajaba el hombro y desplazaba a su marcador. Nada de florituras vacías, ni bicicletas para la galería. Conducción limpia, un par de toques, espacio creado. Daño inmediato.

De su hiperactividad nació el 1-0. Una presión agresiva, robo alto, balón que acaba en la izquierda, centro tenso de Riccardo Calafiori y remate de primera de Havertz. Arsenal se adelantaba y el Emirates rugía.

Cuatro minutos después, Tzolis volvió a clavar el colmillo. Esta vez desde la línea de fondo, zurdazo raso al área pequeña. Carl Rushworth solo pudo meter la mano y desviar el balón hacia Saka, que empujó a placer a puerta semivacía. No contará como asistencia en las estadísticas oficiales, a diferencia de las dos que firmó en la Community Shield, pero su influencia fue igual de decisiva. Todo apunta a que sus números en el Emirates crecerán deprisa.

Arteta lo dejó claro después del encuentro: “Me encanta esta energía cada vez que tiene el balón. Creo que se ha ganado el reconocimiento de la afición. Lo que ha hecho en los últimos partidos ha sido fenomenal. Lo que transmite como jugador, tan directo, tan incisivo, siempre queriendo que pasen cosas… y con una variedad increíble de recursos en los últimos 30 metros para decidir bien incluso cuando los espacios son muy pequeños”.

De Norwich al Emirates: un camino a base de cicatrices

El destino tiene sus ironías. Tzolis debutó en la Premier League en este mismo estadio hace cinco años, con la camiseta del Norwich City y en calidad de cedido. Aquella etapa fue un curso acelerado de dureza. Daniel Farke lo llegó a describir como uno de los talentos jóvenes más brillantes de Europa, pero también lo señaló públicamente cuando el griego decidió lanzar un penalti en Anfield sin ser el encargado y lo falló.

Tzolis reconoció que salió de Norwich con la confianza por los suelos. Solo seis titularidades, una cesión que parecía más un tropiezo que un trampolín.

El punto de inflexión llegó en Alemania, en el Fortuna Düsseldorf. Allí encontró continuidad, goles, asistencias. Lo suficiente para que el Club Brugge apostara por él hace dos años. En Bélgica, el pasado curso fue una explosión: 20 goles, 29 asistencias, título de liga y premio a mejor jugador de la temporada.

Desde aquel paso fallido por Norwich hasta hoy, sus cifras impresionan: 122 participaciones de gol en 145 partidos. Aunque buena parte de esa producción llegó fuera de las cinco grandes ligas, el volumen habla por sí solo.

Este verano, Arsenal desembolsó 34 millones de libras para traerlo a Londres. Y en su primera noche de liga como gunner, pareció una inversión pensada para los días en los que no hay espacios, para esos partidos cerrados que el equipo de Arteta sufrió la temporada pasada.

Un puesto en disputa… al menos sobre el papel

La gran incógnita ahora es cuánta competencia real tendrá Tzolis en ese perfil izquierdo. La persecución, a plena luz del día, de Vinicius Jr no llegó a buen puerto. De haberse cerrado, el griego habría quedado relegado a un papel secundario desde el primer día.

Gabriel Martinelli ni siquiera entró en la convocatoria ante Coventry pese a estar en condiciones físicas. Su ausencia, más disciplinaria que médica, abre un hueco inmediato para Tzolis, pero también sugiere que Arteta no descarta otro fichaje para la banda. El nombre de Kenan Yildiz, de la Juventus, sigue sobre la mesa.

Mientras tanto, el puesto es suyo. Y su misión es simple: volverse indiscutible.

Su ansia por marcar quedó patente: cuatro disparos, más que nadie sobre el césped, aunque ninguno realmente cercano al gol. Si mantiene esa tendencia a recortar hacia dentro y chutar cada vez que ve medio metro, no todos sus compañeros se lo agradecerán. Calafiori quizá se pregunte por qué hace tantas carreras al espacio interior si casi nunca recibe la devolución.

Pero el historial de Tzolis respalda su instinto. Arsenal padeció la temporada pasada cuando se topó con defensas cerradas y le faltó ese tipo de jugador capaz de inventar algo en un palmo de terreno. El griego parece diseñado para ese tipo de noches.

Solo es el primer partido de una campaña larguísima. Aun así, en el Emirates hay una sensación difícil de ignorar: como Ferguson en sus mejores años, Arteta no solo quiere conservar el título. Quiere apretar todavía más la mano sobre la Premier League. Y ha encontrado en Tzolis una nueva herramienta para hacerlo.