Copa de África: Senegal y Marruecos esperan decisión del CAS
La corona de la Africa Cup of Nations ya no se disputa en el césped, sino en los despachos de Lausana. La Fédération Sénégalaise de Football (FSF) tendrá que aguardar hasta finales de noviembre para saber si el Tribunal de Arbitraje Deportivo (CAS) le devuelve el título que la Confederation of African Football (CAF) le retiró para otorgárselo a Marruecos.
La final del 18 de enero en Rabat parecía haber dejado pocas dudas deportivas: triunfo visitante por 1-0 tras la prórroga, silencioso golpe sobre el anfitrión y fiesta senegalesa en territorio marroquí. Pero el verdadero terremoto llegó después.
Un partido decidido… y reabierto
El origen del conflicto está en un parón de 14 minutos en la recta final del tiempo reglamentario. Varios jugadores de Senegal abandonaron el terreno de juego y se marcharon al vestuario en señal de protesta tras señalarse un penalti en su contra. Un gesto de rabia, de desafío, de frontera entre la protesta y el abandono.
El partido se reanudó. Marruecos falló el penalti. Senegal resistió, llevó el duelo a la prórroga y encontró el gol que valía un título. Sobre el campo, la historia era sencilla: 0-1 y los Leones de la Teranga campeones de África.
CAF, sin embargo, interpretó la escena de otro modo. En marzo, su Comité de Apelación dictaminó que aquella marcha hacia el vestuario constituía una retirada, un forfait. Resultado oficial: 3-0 para Marruecos y trofeo para el anfitrión. Un vuelco reglamentario que borraba lo sucedido en la prórroga.
Senegal respondió el 25 de marzo con un recurso ante el CAS. Su argumento central es tan directo como futbolero: el árbitro permitió que el partido se completara, y la decisión del colegiado en el terreno de juego debe prevalecer. Si el encuentro terminó 0-1, sostienen, el campeón solo puede ser uno.
De la hierba al derecho internacional
El caso llegó a Lausana el 8 de octubre. Ese día, el CAS escuchó los alegatos de las dos federaciones implicadas y de CAF. No se discute ya si el balón entró o no, si el penalti fue justo o injusto. Se discute qué significa exactamente “abandonar” un partido y hasta dónde llega la autoridad del árbitro frente a la de los órganos disciplinarios.
Al salir de la audiencia, el director general del CAS, Matthieu Reeb, admitió la impaciencia que rodea al caso, meses después de aquella final entre Senegal y Marruecos. Anticipó que la decisión no sería inmediata, que harían falta algunos días más. Parecía cuestión de poco tiempo.
La realidad ha sido distinta. El propio tribunal ha optado por elaborar una resolución completa, un laudo arbitral con todos los fundamentos jurídicos detallados, lo que en la jerga del organismo se conoce como un CAS Award. Ese giro de guion retrasa el desenlace. El CAS confirmó el lunes que el proceso llevará “varias semanas” y que el laudo se espera para finales de noviembre de 2026.
Un veredicto con peso de sentencia estatal
El panel que decidirá el destino de la Copa está formado por tres juristas de alto perfil. Lo preside el francés Gérald Simon, especialista en derecho deportivo, acompañado por el profesor italiano de derecho internacional Luigi Fumagalli y el abogado afincado en Hamburgo y profesor de la Universidad de Zúrich, Ulrich Haas.
Su decisión no será un simple dictamen deportivo. Bajo el paraguas de la Convención de Nueva York sobre el Reconocimiento y la Ejecución de Sentencias Arbitrales Extranjeras, el laudo del CAS tiene el mismo peso legal que una sentencia de un tribunal nacional. Es vinculante. Puede ser ejecutado por federaciones deportivas o por tribunales estatales.
Lo que está en juego, por tanto, va más allá de un marcador reescrito en un acta. Se trata de fijar un precedente sobre cómo se interpretan las protestas colectivas en un partido de máximo nivel, sobre el límite entre el derecho a la queja y la línea roja del abandono, sobre quién tiene la última palabra cuando el árbitro permite que el balón siga rodando pero los comités disciplinarios deciden reescribir la historia.
Senegal y Marruecos ya no pueden cambiar nada en el campo. Solo les queda esperar a que, desde un despacho en Lausana, tres firmas decidan quién es, a todos los efectos, el verdadero campeón de África.





