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Newcastle y Bournemouth: Un viejo problema en St James’ Park

La hora del almuerzo en St James’ Park llega cargada de dudas para Newcastle United y de una certeza incómoda: la historia reciente dice que Bournemouth no se le da nada bien a las Urracas. Ocho enfrentamientos seguidos sin ganar a los Cherries y un estadio que, por muy ruidoso que sea, no intimida a un rival que lleva cuatro visitas invicto al feudo del norte.

Y, aun así, el guion del partido apunta a algo distinto en los minutos finales.

Bournemouth, un equipo que se deshace al final

El conjunto de Marco Rose ha dejado claro que puede competir, incluso después de perder a su técnico en verano. El problema no es entrar en los partidos. Es salir de ellos con algo en la mano.

En el estreno liguero, Bournemouth se adelantó en el Etihad ante Manchester City a los 26 minutos. Silencio momentáneo en el campeón, partido maduro, plan cumplido durante casi una hora… hasta que, en siete minutos, encajaron dos goles y tiraron por la borda todo el trabajo.

La semana pasada, la historia se repitió con matices. Esta vez, en casa, en el Vitality Stadium, tomaron ventaja frente a Everton. Parecía controlado. Pero otra vez, en el añadido, llegó el golpe: gol en el descuento y puntos al suelo por segunda jornada consecutiva.

El patrón es claro: Bournemouth se cae cuando el reloj aprieta. Todos sus goles encajados en liga han llegado más allá del minuto 75. Por eso, no sorprende que se les vea como candidatos a sufrir de nuevo en el tramo final en St James’ Park.

No sería la primera vez que Newcastle golpea tarde ante este rival. En enero, en la FA Cup, las Urracas forzaron la prórroga con un penalti convertido en el minuto 95. La sensación es que, si alguien va a tener la última palabra este sábado, será el equipo de casa.

Wissa, la nueva referencia que empieza a despertar

Yoane Wissa aterrizó en Newcastle con el peso de los goles que dejó en Brentford… y con una sequía que le persiguió toda la temporada pasada. Solo un tanto en 19 apariciones de Premier League con las Urracas, un contraste brutal con los 19 que había firmado en su última campaña con los Bees.

Esta temporada, sin embargo, ya ha igualado su registro anterior con la camiseta del Toon. Marcó un gol inteligente ante Tottenham la semana pasada y, más que el tanto, dejó la sensación de estar entrando por fin en sintonía con su nuevo equipo.

La necesidad es evidente. Sin Anthony Gordon ni Nick Woltemade, buena parte de la responsabilidad ofensiva recae ahora en Wissa. Y los datos del último partido liguero apuntan a un jugador dispuesto a asumir ese rol: lideró al equipo en xG con 0,35, fue quien más remató dentro del área (dos veces) y el que más faltas provocó (cuatro).

No es una explosión, pero sí un aviso. Si Newcastle necesita un nombre propio para romper un partido cerrado ante Bournemouth, todas las miradas se van a dirigir al delantero.

Un rival incómodo y un historial que pesa

Nada de lo que está haciendo Bournemouth invita a confiar ciegamente en ellos… salvo su historial directo contra Newcastle. Y ahí sí tienen argumentos de sobra.

Las Urracas no ganan a los Cherries desde 2022, y aquel triunfo ni siquiera fue en liga, sino en la EFL Cup. Para encontrar la última victoria liguera de Newcastle frente a Bournemouth hay que retroceder seis años. Entre medias, un rosario de tropiezos que se ha convertido en una piedra en el zapato para el club del norte.

Cuatro de los últimos seis enfrentamientos oficiales entre ambos han terminado en empate. El dato encaja con la naturaleza del Bournemouth del curso pasado: 18 empates en 38 partidos de Premier League, más que cualquier otro equipo de la división. Un especialista en bloquear partidos y llevarlos al reparto de puntos.

Su racha en St James’ Park refuerza esa etiqueta. Cuatro visitas seguidas sin perder, un estadio que conocen bien y un Newcastle que, por muy mejorado que parezca, no ha encontrado la fórmula para imponerse a este rival en su propio campo.

Jaissle cambia el aire en Newcastle

La temporada se presentaba complicada para Newcastle. Salidas importantes, un vestuario tocado y un entrenador joven, Matthias Jaissle, al mando de un proyecto que pedía respuestas inmediatas.

Por ahora, las está dando.

En tres partidos oficiales, el equipo ha mostrado una versión mucho más sólida de lo esperado. En el estreno liguero, las Urracas rozaron la victoria ante Liverpool y solo un penalti tardío les privó del triunfo. Después, firmaron un 2-0 de peso en el campo de Tottenham, una actuación madura, con pegada y orden defensivo.

Entre medias, han cumplido en la EFL Cup y ya están en la siguiente ronda. El vestuario parece alineado con la idea de Jaissle, que ha conseguido que Newcastle compita con una seriedad que muchos no veían venir tras el verano.

Ahora llega un examen distinto: romper una mala racha histórica contra Bournemouth. No es un gigante, no es un duelo directo por Europa, pero sí un partido que mide carácter. Ganar aquí significa cortar una dinámica incómoda y confirmar que este Newcastle es algo más que un buen arranque aislado.

Rose y un Bournemouth que compite, pero no remata

Al otro lado, Marco Rose vive un inicio de etapa tan digno como frustrante. Hereda un equipo que perdió a Andoni Iraola, ahora en Liverpool, y que se ha visto obligado a rearmarse sobre la marcha.

El plan de Rose funciona durante muchos minutos. Su Bournemouth ha sido capaz de adelantarse en sus dos partidos de Premier League. Sin embargo, en ambos ha acabado sin los tres puntos. Dos ventajas, cero victorias, un puesto 14 en la tabla que no refleja del todo el nivel de juego, pero sí su fragilidad en los cierres.

La parte positiva para los Cherries está en el pasado reciente en este mismo escenario. Saben que pueden incomodar a Newcastle en St James’ Park, lo han hecho en sus dos últimas visitas y llegan con la confianza de quien se ha ganado el derecho a creer en el golpe.

El guion invita a un duelo tenso, largo, con tramos de dominio alterno y un final que puede decidir tanto la narrativa de Jaissle como la de Rose.

Lo que se espera sobre el césped

Newcastle apunta a repetir una estructura reconocible, con Hornicek bajo palos y una defensa formada por Dedic, Thiaw, Botman y Hall. En la sala de máquinas, Nico y Miley como base, con Elanga y Willock dando ritmo por dentro y Barnes aportando desequilibrio por banda. Arriba, Wissa como referencia ofensiva y termómetro del partido.

Con un Newcastle en crecimiento, un Bournemouth que se adelanta pero no sabe cerrar y un historial que se empeña en recordar que las Urracas no mandan aquí como creen, la pregunta es clara: ¿será este el día en que Newcastle por fin rompa el hechizo de los Cherries o tendremos otro empate que alargue la maldición?